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Herbie Hancock dio cátedra de jazz en concierto porteño
Los estilos y géneros combinados por Herbie Hancock en el Gran Rex confirmaron sus pergaminos en la historia moderna del jazz y del jazz-rock.
Si algo ha caracterizado a Herbie Hancock a lo largo de una vida artística muy larga y fructífera, ha sido su enorme eclecticismo. Fue jazzista clásico en sus comienzos juveniles y en su participación en el glorioso quinteto de Miles Davis. Coqueteó, o más que eso, con el rock y la fusión en los '70 al frente de los Headhunters.
Acompañó cantantes de los más diversos pelajes y estilos. Tocó como pianista clásico con orquesta sinfónca. Se asoció con colegas más o menos ilustres que él. Fue pionero en el uso de instrumentos electrónicos y siempre se mostró muy curioso por las nuevas tecnologías. De modo que, cada vez que sale en gira, queda en la prensa y en el público la curiosidad por saber por dónde circulará esta vez el gran compositor y pianista nacido en Chicago hace 73 años.
La información sobre el cuarteto con el que vendría esta vez podía hacer suponer una versión suya más "acústica" y clásica . En cambio -y a lo mejor para cierta decepción de quienes prefieren esa parte de su historia-, su muy extenso concierto lo mostró más cercano al jazz-rock y a ese grupo Headhunters que incluso mencionó.
Vinnie Colaiuta en batería, James Genus en bajo eléctrico y el indio Zakir Hussain en percusión tradicional de su país, son una garantía de virtuosismo, de manejo amplio y cómodo de la técnica instrumental y de la improvisación. Y puede decirse que a lo largo de más de dos horas -por las que pasaron apenas poco más de una decena de títulos-, Hancock fue muy generoso con ellos y les otorgó un gran protagonismo.
El cuarteto fue funky en el arranque con "Actual Proof". Se hizo más setentista y psicodélico, hasta con teclado colgado al cuello, en la mezcla de "Seventeen" -cuya estructura explicó como si fuera un profesor- y su hit "Watermelon Man". Se hizo casi baladista -y hasta cantó- en "Come Running to Me", que se ligó a un solo de Hussain de persución y una especie de "scat" étnico.
Se dio el gusto de combinar estilos y géneros -lo clásico, lo acústico, lo electrónico, la voz- en un largo solo personal, por cierto muy festejado por el público. Bordeó un mayor clasicismo jazzero con "Speak Like a Child" que terminó pegando a otra mezcla de temas, "Cantaloupe Island" y "Flying Lotus" antes de los bises.
Como decíamos, el eclecticismo de Hancock es, a la vez, un atractivo para muchos públicos diferentes; de hecho, lo último que editó, es "The Imagine Project", un álbum de canciones junto a cantantes pop que nada tiene que ver con lo que hizo en el Gran Rex.
Eso puede hacer también que algunos extrañen en vivo la parte del él que más les gusta. Pero más allá de eso, o de ciertas reiteraciones que pueden haber ocurrido a lo largo de tantos minutos de música, Hancock confirmó una vez más por qué tiene un lugar de privilegio ganado en la historia de la cultura de las últimas décadas. Y estuvo a la altura de esos pergaminos.


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