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“Hoy la lectura es el único espacio íntimo”
Vitagliano: “La historia que cuento surgió de preguntarme sobre lo que podía pasar con mis libros cuando ya no estuviera. Y sobre todo del impulso de saber qué podemos hacer cuando aparentemente no podemos hacer nada”.
Periodista: ¿Cómo llega a escribir este "Tratado sobre las manos"?
Miguel Vitagliano: A partir de mi insistencia de escribir los márgenes de los libros, de hacer anotaciones a los costados. Yo no puedo concebir leer sin un lápiz. Nunca leo con un bolígrafo, como si en algún momento pudiera borrar lo anotado, lo subrayado. Hubo un momento en que yo firmaba cada uno de mis libros, como si con eso entrara en mi vida de un modo especial. Después dejé de firmarlos, pero lo que no dejo es de escribir sobre los libros ajenos. Y eso tiene que ver con la literatura, cuando yo escribo estoy escribiendo sobre lo escrito. Preguntarme sobre esas marcas que se dejan en los libros tiene que ver con el comienzo de esta novela. Preguntarme sobre lo que podía pasar con mis libros cuando ya no estuviera. A partir de ahí surgió la historia que cuento. Y sobre todo del impulso de saber qué podemos hacer cuando aparentemente no podemos hacer nada.
P.: Su novela, entre otras cosas, muestra cómo procesar un duelo.
M.V.: Justamente. En el momento en que uno está desesperado, en que no encuentra nada alrededor, ¿qué se puede hacer? Pensar en formas de sobrevivencia, de resistencia. Como lo que más tengo son libros, me imaginé qué pasaba si ya no estaba más, acaso pensé en mi mujer y en los libros, no lo sé, pero vi a una mujer resistiendo ante el dolor. ¿Pueden hacer algo los libros ante el dolor? La materialidad estaba ahí. Esa escritura en los libros ajenos. Y se puede hacer algo ahí.
P.: El protagonista, Víctor, es, como usted, un profesor universitario, y su mujer, Lidia, una maestra que deja de lado sus proyectos para apoyarlo de él, y es la que enfrenta a los libros dejados.
M.V.: Me interesaba pensar que ese profesor era y no era yo. Por eso yo aparezco en la novela con un comentario, pero justamente esa frase en la vida real la dijo otro profesor acerca de la muerte de otro profesor. Me gustaba el efecto de esa cita interna.Volviendo a la situación de resistencia frente a esa muerte de alguien querido, uno con los libros tiene un vínculo muy particular, y esto tiene que ver con algo que paulatinamente se va perdiendo. Cada vez tenemos una relación con las cosas que dura menos tiempo. Cuando se pide un libro en una librería, por ahí dicen "es muy viejo", porque salió hace tres meses. Y uno está acostumbrado a que los libros están para toda la vida. En ese universo de lo frágil, de lo momentáneo, pensé en lo durable de los libros. Me gustó pensar en un mundo hecho con libros, y la posibilidad de que uno resista ante el dolor del mundo con los libros.
P.: La viuda protagonista busca realizar lo que su marido no pudo concretar con una devoción que usted ve como su resistencia frente a la muerte.
M.V.: Ella es una especie de política del amor. Piensa estrategias políticas con respecto a lo que su marido dejó, mirando la biblioteca de Víctor, piensa qué puede hacer.Para ella los libros no son libros, son otra cosa. "Tratado sobre las manos" no es una típica novela intelectual. Es una novela sobre la materialidad de los libros; y bueno, yo creo en la materialidad de la cultura, su capacidad transformadora. Lidia no se lamenta, o sí se lamenta se lo reserva para ella. Ella va encontrando su forma de resistir en lo que escribió Víctor en los márgenes de los libros. Allí está él. Lidia encuentra el modo de volver a tenerlo cerca, de ayudarlo en ese proyecto no dicho, ése que él escribió en los márgenes de los libros de otros, sin advertirlo, durante toda su vida. Un proyecto enorme que se condice con el tamaño de su dolor.
P.: Y donde los libros pasan a ser lo que la asiste, y conmovedoramente le ayuda a resistir.
M.V.: ¿Qué se puede hacer con los libros? ¿Qué se puede hacer con lo que uno lee? Tantas cosas, innumerables. Si no podemos hacer nada, algo pasa con nosotros. Me interesa poderosamente cómo los libros pueden modificar la realidad. A veces no somos conscientes de cuanto tenemos alrededor y cuanto pasa alrededor está sostenido sobre libros. Y a veces perdemos de vista esto. Me interesa lo que nosotros como lectores podemos hacer con los libros, y lo que los libros pueden hacer con nosotros. En ese doble juego está mi trabajo, está esta novela.
P.: ¿Por qué un "Tratado sobre las manos?
M.V.: Lo que está tratado está sobre las manos. Cuando uno lee tiene las manos abiertas. Uno sostiene con las manos. Uno marca con las manos esa frase que hizo eco dentro de uno. Las manos tienen que ver con el hacer. Todos los personajes en el libro en algún momento muestran que hacen algo con las manos. Me gustaba ver qué hacen esas personas cuando aparentemente ya no pueden hacer nada. Por eso el epígrafe de Max Aub: "duele lo que no se tiene. Todos son muñones: quieres coger las cosas con la mano que te falta. Siempre faltan manos".
P.: Los libros son un muro de defensa frente a su drama que Lidia construye bajando las bibliotecas.
M.V.: Es cierto, pero, además, el libro está muy ligado a la intimidad, en un mundo donde la intimidad queda más destruida. No hay espacio para la intimidad. La intimidad se muestra en Facebook. La intimidad se twitea. O puede ser twiteada con lo que pasa a ser un desvalor. La lectura es un espacio íntimo. Nadie me ve en los ojos qué es lo que yo leo. Esa intimidad con uno mismo a través del libro ofrece posibilidades de hacer que son fascinantes. Más en un tiempo en donde está muy minada la posibilidad de que una persona esté sola consigo misma. Y si nos falta tiempo para estar con nosotros mismos, nos va a faltar tiempo para estar realmente con los otros. No tenemos experiencias para estar con los otros.
P.: Usted parece tenerlas por la amplia obra que viene desarrollando como novelista.
M.V.: La ambición del novelista es tratar de escribirlo todo. Y a mí me gusta pensarme como un novelista. Y eso significa transitar por diversos espacios y seguir adelante. El trabajo del novelista parece muy sedentario, pero el trabajo de escribir novelas exige movimiento. En ese juego entre lo sedentario y el movimiento me gusta pensar mi trabajo. La cantidad de obras no es un valor, sólo permite más fácilmente el encuentro con lectores. Pero lo que me importa es la pasión que pongo en cada obra. Cuando termino de escribir una novela me sigo emocionando. Cuando terminé de escribir "Tratado sobre las manos", que me demandó muchísimo esfuerzo, más que ninguna de las anteriores, luego de cuatro años de trabajo, me largué a llorar porque me despedía de esos entrañables personajes, algo que nunca, nunca antes me había pasado. Creo que lo más triste que le puede pasar a un escritor no es dejar de escribir sino que no le importe más dejar de escribir.
P.: ¿No siente contrapuesto ser profesor de Teoría Literaria y a la vez novelista?
M.V.: En mi trabajo académico y en el de novelista no veo conflicto, es un diálogo profundo que disfruto plenamente. En uno y otro lado soy lector. Toda ni vida viví de la literatura. Nunca de la que yo escribo sino de la que escribieron los otros. Como escritor soy un lector. Como lector soy un escritor. Convivo perfectamente con mis dos manos, ahí donde hay libros disfruto.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
M.V.: Ahora sale una colección de ensayos breves y variados, sobre problemas de la lengua, Filisberto Hernández, María Moliner, Borges y Spinetta, Wittgenstein, Dario, curiosidades literarias que se cruzan y me encantan, y que antes estuvieron en el blog Escritores del mundo. Y estoy trabajando sobre dos novelas muy breves, mientras estudio para una más larga sobre la creencia en ideales, basándome en una familia.
Entrevista de Máximo Soto

