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“Hoy se apuesta mucho menos en comedia musical”
Gustavo Wons: «Broadway arriesga menos. Casi todo son versiones de Disney o adaptaciones de películas norteamericanas, o inclusive extranjeras».
Wons sigue manteniendo su domicilio en Nueva York, donde reside seis meses al año. Por ahora no tiene ningún proyectos en vista, pero «mientras Chicago siga en cartel» se quedará en Buenos Aires. Dialogamos con él:
Periodista: ¿Cuáles son las diferencias más notorias entre Broadway y Buenos Aires?
Gustavo Wons: Ya sabemos que ellos tienen un gran profesionalismo, disciplina y rigor. Pero tal vez por una cuestión de idiosincrasia sólo se mueven cuando disponen de todo lo necesario. Nosotros, en cambio, ya estamos acostumbrados a que las cosas no estén de una y no nos detenemos ante las limitaciones. El famoso «lo atamos con alambre». Por eso cuando las cosas se demoran o se resuelven de otra manera, en estas producciones que vienen de afuera, ellos se brotan porque no pueden concebir algo así.
P.: La producción anterior de «Chicago», también a cargo de Daniel Grinbank, fue estrenada en enero de 2001 y duró muy poco...
G.W.: Bueno, estuvo 8 meses... y se levantó no porque le fuera mal sino porque ya estaba arreglado que la escenografía se iba a utilizar en México para otra producción. Ahora no va a pasar lo mismo porque la escenografía se compró en Londres luego de finalizar su circuito de gira.
P.: Esta versión de «Chicago» se viene haciendo en todo el mundo desde 1994 ¿A qué debe su éxito siendo un musical de corte tan minimalista?
G.W.: Es verdad, nunca se dejó de hacer. Creo que ya estuvo en 28 países. Para mí «Chicago» viene dentro de una caja que se despliega y que va tomando forma sin posibilidad de error. Está muy pautada y coreografiada al detalle. No hay margen para equivocarse ni para probar cosas nuevas. Las coreografías de Ann Reinking son fieles al estilo Fosse y la obra está muy bien escrita como sátira de la justicia penal y el gran poder de la prensa. Tiene una mirada irónica y glamorosa sobre una realidad terrible y patética protagonizada por mujeres asesinas que salen libres gracias a su éxito mediático.
P.: ¿Qué hay de nuevo en comedia musical? Porque acá solo llegan estrenos de larga data...
G.W.: El panorama del musical es hoy muy diferente del que conocí en 1999 cuando llegué a Nueva York. Antes la gente escribía y creaba más. Después la crisis hizo que también lo creativo decayera. A partir de entonces los musicales empezaron a basarse en películas. Ya nadie escribe algo nuevo. Son todas versiones de Disney o adaptaciones de películas norteamericanas, o inclusive extranjeras, caso «Mujeres al borde del ataque de nervios» de Pedro Almodóvar. No se trabajan historias nuevas. De todo lo que vi en este último tiempo nada me rompió la cabeza.
P.: Entonces ¿qué otra obra podría traerse a Buenos Aires?
G.W.: Creo que este es un momento ideal para hacer «A Chorus Line», porque es una obra que habla de los bailarines y de sus sueños, de los ensayos y de lo que sucede en las audiciones, y hoy hay mucha efervescencia con respecto a esos temas. Antes era una cuestión más interna de la comedia musical y a pocos les importaba saber de todo eso. Pero ahora, con el auge de «Bailando por un sueño» donde el baile se popularizó tanto, hay mucha gente a la que le encantaría conocer más detalles de ese ambiente. Sin duda, es un buen momento para traer ese musical.
P.: ¿Broadway sigue en crisis?
G.W.: Es difícil precisarlo. En Nueva York hay tanta actividad artística y cultural que uno se pregunta: ¿dónde está la crisis? Es una ciudad que explota en ofertas. Obviamente, si uno vive allá o investiga un poco nota que hay recesión, que echan gente del trabajo... En lo teatral, la crisis golpeó mucho al principio. Después del atentado a las Torres Gemelas pasó algo que nadie creía que pudiera suceder en Broadway: los teatros dejaron de llenarse. Fue algo muy duro y para revertirlo se les pidió a los actores bajar un poco sus sueldos hasta que la situaciónse estabilizara, y así se hizo.
P.: Las leyes del mercado siguen manteniendo a rienda corta la actividad teatral.
G.W.: No es como acá que si un espectáculo no anda bien lo podemos estirar un tiempo más para ver si repunta. Allá, si no dan los números después de una semana, se cancela la obra, y por más crisis que haya, los precios de las entradas no bajan nunca.
P.: ¿Cuánto vale una buena ubicación para ver «Chicago», en Buenos Aires y en Broadway?
G.W.: Allá sale 125 dólares y acá creo que la platea más cara sale unos 230 pesos.
Entrevista de Patricia Espinosa


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