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Humor, poesía y un buen curador para un dúo de mujeres
A la izquierda, una obra de Gachi Hasper, una artista empecinada en lograr un vibrante dinamismo en sus pinturas movedizas. A la derecha, una muestra de cómo Mariela Scafati se escapa del plano abstracto del cuadro para instalar, en la misma obra, la figuración ostensible de un objeto: una falda. Ambos estilos dialogan en la exposición “Doble de mujeres”, bajo la tutela curatorial del francés Philippe Cyroulnik.
"Una se destaca en el arte de ligar y desligar el color en un juego sutil de la línea. La otra se apropia ropa para crear pinturas", afirma Cyroulnik y, en este mismo tono, prosigue su extenso e incisivo análisis. "Una activa los quiebres de ritmos y los entrelazamientos de formas para hacer vibrar los colores y las formas. La otra transforma los objetos en cuadros y los cuadros en objetos".
Una es Gachi Hasper; la otra, Mariela Scafati. Hasper es una artista empecinada en lograr un vibrante dinamismo en sus pinturas movedizas; Scafati no hace otra cosa que experimentar desde que comenzó su carrera, al punto de que en esta muestra reúne prendas de vestir con pinturas abstractas. Cyroulnik ha formulado una síntesis sobre el trabajo de ambas. Hasper utiliza el color como elemento lúdico y así, como si estuviera jugando, arma composiciones donde las formas simples que utiliza acompañadas por los colores dulces o vivaces, se entrelazan unas con otras. El resultado es una superficie que atrae la mirada con el despliegue veloz y conjunto del color y las líneas. En sus cuadros de bandas, Scafati ostenta su natural virtuosismo para ir al encuentro de la belleza. En esta muestra, no obstante, complejiza su obra. Scafati se escapa del plano abstracto del cuadro para instalar, en la misma obra, la figuración ostensible de un objeto: una falda. Su conceptualismo resulta tan lapidario como la famosa silla que plantó Joseph Kosuth junto a la definición de la palabra tomada del diccionario. Provocativa, Scafati huye sin embargo de las definiciones y los encasillamientos. Sobre una mesita baja de madera apoyó un cuadro plenamente abstracto color tierra. Consultada sobre el sentido del montaje, responde, sin vueltas: "Es un mueble que tenía en mi casa".
Hasper, por su parte, se refiere a su obra y dice: "Siempre pinté círculos y rectángulos, y sus variaciones y deformaciones. Asocio lo ortogonal con la civilización, con la construcción, con la ciudad, con la casa".
Cyroulnik expresa visualmente su propio discurso. Su trabajo puede compararse con el de un inspirado director de orquesta. Así, al comienzo de la muestra, colgó una obra del padre del perceptismo Raúl Lozza donde el color se vuelve corpóreo, adquiere volumen y aspira a despertar la percepción estética del espectador. En lo alto, sobre otra pared, está la armonía perfecta de una pequeña pintura del precursor del arte geométrico, Manuel Espinoza. Dos referencias apenas, encuadran la muestra "Doble de mujeres" en el contexto histórico de la abstracción argentina, revelan la presencia del pasado y el presente de dos herederas.
En otra sala vuelven a dialogar las obras del dúo de damas, esta vez con otro estilo. Cyroulnik señala: "A una le gusta el color de los afiches de los bailes populares y sus tipografías. A la otra le gusta hacer penetrar en el color las palabras del mundo". Hasper pintó un pequeño afiche con la estética de los carteles de las bailantas. Scafati rodeó con palabras un rectángulo pintado en radiante color amarillo y, en el costado izquierdo se lee "Balada", el nombre de la obra.
Como suele suceder con el arte abstracto, en el conjunto de la muestra se percibe una relación cercana a la música, incluso en la falda figurativa de Scafati, al parecer diseñada para una noche de baile. El curador observa: "Una practica el vals de los rectángulos y de los círculos.´La otra tiene afecto por las bandas pero también por los planos". El texto profundiza las capas de sentido de la exposición y de este modo descubre los aspectos poéticos. "Una sabe que la forma ortogonal de una fachada puede esconder las columnas de archivos de nuestras tragedias. La otra ahonda en los campos del color los surcos de nuestras esperanzas".
Como muchos de nuestros artistas de edad intermedia, la formación de Hasper (1966) se consolidó en diversos talleres, como el de Diana Aisenberg, además de la Beca Kuitca. El curador francés sostiene que si bien Hasper presenta pinturas, "hay que saber que ella es también fotógrafa y creadora de videos. Hay que recordar sus intervenciones murales donde fotos de afiches vienen a subrayar una topografía de formas".
Mariela Scafati (1973) estudió Artes Visuales en Bahía Blanca, se radicó en Buenos Aires en 1997 y asistió a los talleres de Tulio de Sagastizábal, Pablo Suárez y Guillermo Kuitca. Presentó muestras en Belleza y Felicidad, como las recordadas "He venido para decirte que me voy" y "Scafati, un cuadro". En 2002 fundó el Taller Popular de Serigrafía junto a Magdalena Jitrik y Diego Posadas. Desde 2010 es agente del Centro de Investigaciones Artísticas.
Con obras y estilos diversos, la muestra ofrece un contrapunto de imágenes. Contrapunto que las palabras de Cyroulnik destacan, plegándose con gracia al pequeño coro polifónico.


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