21 de abril 2015 - 00:00

Huppert: “Nunca tomé a otra actriz como modelo”

Isabelle Huppert: “Sin despreciar el cine y todos los premios que me dieron, me siento más orgullosa de mi carrera teatral”.
Isabelle Huppert: “Sin despreciar el cine y todos los premios que me dieron, me siento más orgullosa de mi carrera teatral”.
 Delgada, lentes oscuros que se quita para hablar con su interlocutor, inclinando el cuerpo hacia adelante, sonrisa comprensiva con un leve aire de suficiencia, frases breves para que el traductor pueda seguirla sin resumirla, siempre más cordial que sus personajes (por supuesto), así anda Isabelle Huppert entre la gente del Bafici que la rodea.

La actriz vino a presentar en el festival una retrospectiva que la tiene como protagonista, y las películas más recientes, "Cautiva", de Brillante Mendoza (2012), en la que interpreta a uno de los turistas secuestrados en Filipinas por un grupo extremista musulmán, y "La religiosa", de Guillaume Nicloux (2013), remake del film homónimo de Jacques Rivette sobre el clásico relato de Diderot acerca de una muchacha forzada por su familia a entrar en un convento.

Hoy a las 17, Isabelle Huppert mantendrá un diálogo público con el artista plástico Guillermo Kuitka en el Salón Dorado del Teatro Colón (las entradas gratuitas hay que retirarlas desde las 10 en el C.C. Recoleta). Se admira del Colón y de las calles porteñas: "Me habían dicho que algunas se parecen a Paris, y es cierto, pero tienen otros árboles. No me confundo", dice. Tampoco se confunde al enumerar cineastas argentinos ("Trapero, Alonso, Szifron, que ha tenido gran éxito en Francia"), y agrega que le gusta viajar, por eso ahora está filmando más seguido en lugares lejanos, como Corea y Filipinas. Dialogamos con ella:

Periodista: Antes de ser actriz, ¿qué actrices admiraba?

Isabelle Huppert:
Varias, pero a ninguna tomé como modelo. Prácticamente me convertí en actriz sin tomar referencias, lo que creo que es una buena manera de ir haciéndose a una misma.

P.: Tuvo una larga carrera antes de consagrarse.

I.H.:
Sin despreciar el cine y todos los premios que me dieron, me siento más orgullosa de mi carrera teatral. Un poquito más orgullosa. Pero en ambos terrenos tuve la suerte de contar con directores excepcionales.

P.: Háblenos de Claude Chabrol, con quien trabajó en seis películas, desde "Violette Noziere" (que acá se llamó "Niña de día, mujer de noche") hasta "La comedia del poder".

I.H.:
Era un hombre inteligente, muy hábil, que usaba todas las posibilidades del cine de un modo muy especial. Daba pocas indicaciones, y era hermoso perderme en las historias que planteaba como un laberinto narrativo. A veces, pasado el tiempo, no recuerdo bien cómo era mi papel, pero recuerdo mucho la fuerza del tema. Por ejemplo, en "Gracias por el chocolate", la necesidad de expresar nuestros fantasmas, de darle sentido a una vida. En Francia Chabrol era muy querido, lo sigue siendo.

P.: ¿Y el austríaco Michael Haneke?

I.H.:
Es otra cosa. Primero me ofreció trabajar en "Funny Games" y "Código desconocido", pero yo tenía otros compromisos. Al fin, por obstinado, me convenció para "La profesora de piano", un papel que daba miedo, pero que me aportó mucho.

P.: Incluyendo una Palma de Oro en Cannes, otorgada por unanimidad.

I.H.:
Con Haneke trabajé en tres películas. Yo, a la hora de elegir un proyecto, pienso primero en el director. Después hay otros factores, no siempre fáciles de explicar: a veces no me convence tanto un guión, como una frase que me golpea dentro de ese guión. O un personaje. La gente cree que una debe estar muy activa preparando cada personaje. Al contrario, para mí esa es una etapa más bien pasiva, donde hay un vacío que vamos llenando con ese personaje, en un proceso íntimo y total. Después viene el rodaje, o el escenario.

P.: ¿Podría ejemplificar eso con la versión Chabrol de "Madame Bovary"?

I.H.:
Ahí tiene además un ejemplo muy claro del vínculo entre cine y literatura. Bovary es un personaje muy cinematográfico, incluso es más un concepto que un personaje. Físicamente, podemos pensarlo a nuestro gusto, porque Flaubert no nos ofrece una imagen precisa. Por ejemplo, deja indicios para que supongamos que tenía cabellos castaños, pero no lo dice firmemente en ninguna página del libro. Cada quien la piensa a su manera, y así está en el imaginario colectivo. ¡Hay tantas versiones de "Madame Bovary"!

P.: Y hay tantas en la vida real. Usted trabajó además con Blier, Tavernier, Allio, Téchine, Raoul Ruiz, incluso Godard, etc. ¿Hay diferencias entre la guardia vieja y las nuevas generaciones?

I.H.:
No puedo comparar una generación con otra. Son demasiado distintas. Pero observe que siempre trabajé por igual con autores consagrados y con debutantes. En obras accesibles a todos los públicos y en piezas artísticamente radicales. Me gusta la variedad. Y me gusta mucho trabajar. En el último año, después de "La desaparición de Eleanor Rigby", con Jessica Chastain, hice "La ritournelle" (soy una granjera normanda), otras de Paul Verhoeven, de Pascal Bonitzer, de Mia Hansen-Love, "Louder than Bombs", en Oslo, que entró en la competencia oficial de Cannes, "Asphalt", con Michael Pitt y Valeria Bruni-Tedeschi, que se verá fuera de competencia, y recién terminé "Valley of Love", con Gerard Depardieu, en California.

Entrevista de Paraná Sendrós

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