Imaginativa y violenta escalera al cielo

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"Jack, el cazagigantes" ("Jack the Giant Slayer", EE.UU., 2013, habl. en inglés y dobl. al esp.). Dir.: B. Singer. Int.: N. Hoult, E. Tomlinson, E. McGregor, S. Tucci y otros.

El nuevo film de Bryan Singer ("Los sospechosos de siempre", "X Men") no le escapa a la persistente moda de adaptar cuentos y leyendas tradicionales a un "relato adulto" basado en el gusto por la violencia, el planteo social explícito y el gran espectáculo. Ya ocurrió, entre otros casos recientes, con "HTMnsel y Gretel", "Blancanieves" y "La Cenicienta", y ahora es el turno de "Jack y las habichuelas", el cuento de hadas protagonizado por un pequeño campesino huérfano que logra, después de plantar unas semillas mágicas, ascender por su tallo hasta el cielo y encontrarse con un ogro benévolo y mágico. Entre sus varios antecedentes en el cine, la versión más famosa es la que hizo Disney en 1947 ("Fun And Fancy Free", con el ratón Mickey, aquí llamada "Diversión y fantasía").

El héroe de este "Jack, el cazagigantes" no tiene la misma suerte: involucrado con una princesa rebelde y hostigado por el villano pretendiente al trono, no sólo deber hacer la excursión a los cielos con sospechosas compañías sino que, además, allí no encuentra un ogro de buen corazón, a lo Oscar WIlde, sino una raza de gigantes espantosos, bicéfalos en algún caso (o, más bien, con una cabeza suplementaria que les brotó en el hombro como un forúnculo), inclinados a comer carne humana y muy felices de que ellos, los terrícolas, les proporcionen ahora el mejor medio de transporte para conquistarlos, los toboganes vegetales.

La película posee aliento épico y está contada con buen pulso y nervio. Sobre el final, sin embargo, se produce una suerte de hiato antes de la batalla definitiva que puede llevar a creer que la historia ya ha terminado. Si no fuera por los detalles fantásticos, y la tecnología moderna, claro, en más de un momento se parece a uno de aquellos clásicos de superacción con Errol Flynn (un nombre que hoy debe sonarle tan familiar a las nuevas generaciones como el de Sandokán a las inmediatamente anteriores).

Seguramente, esta es una virtud de estos Cuentos populares 2.0 a los que Hollywood está entregado con empeño, la de camuflar el mismo film de siempre con el ropaje de los más imaginativos efectos especiales y ciertos rasgos bizarros y desagradables (la escena del cocinero gigante y sus supuraciones nasales posiblemente le corte a más de un espectador la ingesta de pop corn).

A destacar, en el elenco, el estupendo malvado que compone Stanley Tucci, y la melancolía y locura casi shakesperianas de Ian McShane como el Rey Brahmwell. Ambos se destacan inclusive por sobre los protagonistas Nicholas Hoult y Eleanor Tomlinson, y aun sobre Ewan McGregor, que hace de bueno.

Menos violenta y "gore" que otras versiones de clásicos infantiles, como la recien mencionada "HTMnsel y Gretel", la película puede ser vista por un público de chicos aunque no menores de diez o nueve años (la calificación oficial la desaconseja a los menores de 13, pero es una exageración).

M.Z.

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