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Impecable grupo de cámara
Pinchas Zukerman es, además de un músico cuya trayectoria y trascendencia no necesitan de mucha presentación, un asiduo visitante de nuestro país.
En esta oportunidad el violinista regresó, convocado por Nuova Harmonia, junto a otras dos integrantes del Zukerman Chamber Players, el ensamble que surgió en el 2002: la cellista Amanda Forsyth y la pianista Angela Cheng.
El programa, trazado en los límites de lo convencional, se destacaba por su exigencia: lo integraban dos de los más desafiantes tríos con piano del siglo XIX: el llamado "Archiduque" de Beethoven (cuya grabación a cargo de un joven Zukerman, Daniel Barenboim y Jaqueline Du Pré continúa constituyendo una referencia) y el opus 49 de Felix Mendelssohn. Como "aperitivo", una exquisita miniatura de la producción camerística beethoveniana: el "Allegretto en si bemol mayor" WoO 39, en el que ya se pudieron comenzar a paladear las virtudes del equipo de tres músicos enormes que se conocen y se intuyen profundamente.
Tanto Forsyth como Cheng son dignas compañeras de ruta Zukerman. Al margen de un sonido levemente nasal, la cellista exhibe una perfecta afinación, una musicalidad sin fisuras y en todo momento la comunión de su instrumento con el del violinista es inmejorable, es especial en el trabajo de los arcos.
Este rasgo se pudo advertir especialmente en el cuarto movimiento del trío de Mendelssohn y en sus juegos tímbricos, puestos en relieve de manera magnífica por el trío.
Por su parte, Angela Cheng es también una artista madura con una técnica fenomenal y una flexibilidad musical atrapante. Deslumbrante en el despliegue pianístico que le asignara Mendelssohn, tanto en esta instancia como en las dos obras de Beethoven en programa Cheng exhibió una rica paleta tímbrica y supo amalgamarla con la de las cuerdas.
Poco puede agregarse a lo esperable de Pinchas Zukerman: una destreza absoluta puesta al servicio de la música y una compenetración total con sus colegas, ajena a cualquier divismo y cualquier sobreactuación.
Los artistas ofrecieron un bis, toda una muestra de generosidad y gratitud dada la magnitud de lo que ya habían entregado: la "Marcha en miniatura" de Fritz Kreisler. El hecho de que se tratara de música más despreocupada no implicó que tuviera por parte del trío una interpretación menos cuidada y sutil que la del repertorio en programa.

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