8 de marzo 2018 - 22:06

Incisiva mirada sobre una patinadora que fue ángel y demonio

Sobresale en el film, como la siniestra madre de la protagonista, Allison Janney, flamante ganadora del Oscar a la Mejor Actriz de Reparto

Allison Janney. Desde los tiempos de Joan Crawford que no se veía una madre tan siniestra en el cine.
Allison Janney. Desde los tiempos de Joan Crawford que no se veía una madre tan siniestra en el cine.
Eso de que la realidad supera a la ficción se aplica perfectamente a la increíble historia de la mejor y más odiada patinadora de la historia, Tonya Harding, que a pesar de ser la primera en conseguir un complejo salto con figura triple sobre hielo, se hizo mundialmente famosa por estar involucrada en un atentado para romperle la pierna a su principal competidora en las Olimpiadas de invierno.

El director Craig Gillespie cuenta la historia desde varios angulos diferentes, partiendo de un seudodocumental con entrevistas recientes a los personajes principales (Tonya, su madre despiadada y su marido golpeador, que es la quien la involucró en el ataque a su rival), y luego recrea los hechos a la manera de una película biográfica, pero sin dejar de interactuar nunca entre ambas vertientes del film. A veces con toques de humor sutil que sirven para equilibrar los momentos más dramáticos y violentos de una historia que tiene de todo menos moderación.

El resultado es excelente no sólo porque la fórmula elegida por el director funciona muy bien, sino también debido a que el montaje y la música apoyan formidables escenas de patinaje, y sobre todo a a que las actuaciones están a la altura de las circunstancias. Sobre todo la de la antológica Allison Janney, flamante ganadora del Oscar como la madre más temible desde los tiempos de Joan Crawford. Y por supuesto, la performance de Margot Robbie que finalmente es una Tonya Harding con toda la furia.





"Yo soy Tonya" ("I, Tonya", EE.UU., 2017). Dir.: C. Gillespie. Int.: M. Robbie, S. Stan, A. Janney.

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