"Ei, Dilma, vai tomar no cú ("Dilma, que te den por el culo"), gritaron los fanáticos brasileños, concentrados principalmente en la zona vip del Arenas Corinthians donde se encontraba su exrival en las presidenciales de 2010, el gobernador opositor José Serra.
Ante el clima de descontento social frente a la Copa y los temores, luego materializados, de abucheos e insultos, la mandataria decidió antes del partido que no hablaría frente a los 60.000 espectadores.
En un hecho poco común, el Mundial no fue declarado oficialmente abierto y ni siquiera se anunció el nombre de Rousseff en el estadio.
Rousseff asistió al estadio junto al también cuestionado presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y varios otros jefes de Estado. El año pasado, durante la también cuestionada Copa Confederaciones, la presidenta fue abucheada tres veces por millones de hinchas durante el encuentro entre Brasil y Japón.
| Agencias AFP y Reuters, y Ámbito Financiero |


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