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Inflación: no bajará más con suba salarial que “mira atrás”
La mejora de los salarios ajustando por la inflación pasada es inviable en un escenario de freno de los precios.

¿Se puede recuperar esa pérdida en 2017? No siempre después de una baja cíclica los salarios se recuperan en un año: se necesitaron dos años y medio para volver al poder de compra de 2008, y tras el nuevo desplome de 2014 los salarios reales no se recuperaron en 2015. Pero en todos los casos la baja de la tasa de inflación jugó un papel central en la recuperación real de los ingresos. Y resulta ilustrativo que -en los eventos exitosos- los salarios reales pudieron mejorar aun cuando su crecimiento se desaceleraba. Esto sugiere que el planteo habitual de "recuperar" salarios ajustando por la inflación pasada es inviable en un escenario de "frenazo" inflacionario, porque implicaría un salto insostenible de los salarios reales (como ocurrió en los últimos 8 años, que fueron pura volatilidad: fuertes alzas seguidas de bajas de igual magnitud).
Un contexto de "desinflación" del nivel general de precios requiere -para que sea sostenible- de muchas condiciones de contorno; una de ellas
es que también se requiere "desinflación" de ingresos que evite descarrilar del objetivo central: reducir la inflación y al mismo tiempo recuperar la caída de ingresos reales que tiene lugar durante el período de ajuste.
¿Por qué la inflación de salarios es relevante para el objetivo antiinflacionario? Un gráfico ilustra el punto. Tal como puede verse en los últimos años (y antes también), la inflación en Servicios No Regulados (una parte del IPC) siguió bastante de cerca la inflación de salarios. Era de esperar que eso ocurriera, ya que los salarios son un componente importante en la formación de precios de los servicios, en particular de aquellos que no están sujetos a regulación (a diferencia de los medicamentos, la medicina prepaga y otros servicios privados, aparte de los públicos).
No se trata de reducir el problema inflacionario a la discusión salarial, pero resulta claro que bajar la inflación desde un promedio de más de 37% en 2016 a 20-21% en 2017 y eventual-mente llegar al dígito en 2018/19 no son escenarios factibles con aumentos salariales que miren "para atrás". Esos salarios entrarán -como siempre lo hicieron- en los precios de los servicios y generarán por algún tiempo mayor "atraso cambiario", hasta que una nueva devaluación -o una profunda recesión- llamen de nuevo a la puerta. Si en cambio la desinflación salarial acompaña la desinflación de precios, habrá simultáneamente mejora de salarios reales, menor inflación y recuperación de la actividad. En ese escenario además hasta es posible esperar una -por ahora remota- mejora de los costos laborales unitarios medidos en dólares, es decir, una mejora de competitividad.
No necesariamente es éste el escenario más probable. El déficit fiscal, los bajos niveles de deuda y el blanqueo son una tentación para debilitar la restricción presupuestaria. Los "bolsillos profundos" favorecen sindicatos públicos que reclaman "lo imposible", al percibir que enfrentan un Esta-
do -Nación, provincias- temeroso de conflictos. La debilidad en el sector público favorece a su vez los conflictos en el sector privado, donde los sindicatos
llevan años compitiendo por ganar espacio a los codazos, poniendo de rehenes a las empresas y a los trabajadores que están afuera. Sin una política salarial "marco" que actúe como paraguas para la negociación, sostenida por una macro prudente y desregulaciones que aumenten la competencia (lo opuesto a prohibir importaciones), el sendero hacia un dígito de inflación será mucho más caótico de lo que se prevé.


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