El mandatario estadounidense habló con elocuencia sobre la necesidad de que se realicen esfuerzos comunes para detener el cambio climático generado por los gases de efecto invernadero. Y el presidente del Estado insular de Kiribati, Anote Tong, pidió no olvidar a las personas cuyos hogares están amenazados por el aumento del nivel del mar.
Al menos en el primer día, la estrategia de los organizadores funcionó: palabras fuertes y anuncios por miles de millones emitieron una señal política clara. Pero ahora queda por ver si este impulso alcanza para superar las grietas que existen en varios puntos clave.
El maratón de apretones de manos con el que Hollande saludó como anfitrión a los más de 150 jefes de Estado y de Gobierno en el recinto de Le Bourget, sede de la conferencia, a las afueras de París, duró tres horas y fue estrictamente vigilado por miles de periodistas.
Para que los discursos supuestamente de tres minutos pudieran desarrollarse en un día, hablaron en paralelo en dos salones diferentes.
Al margen de la conferencia se sucedieron, en tanto, señales de buena voluntad. "Puede ser un gran día para las energías renovables", subrayó el experto en clima de Greenpeace Martin Kaiser en referencia a la alianza solar que impulsó la India y a los anuncios de Bill Gates y otros inversores respecto de que destinarán más dinero a la investigación. Son proyectos concretos que aspiran a subrayar la voluntad común de proteger el clima.
También quedó bien situado en el primer día el anuncio de Alemania, EE.UU., Francia y otros ocho países de poner 248 millones de dólares a disposición de un fondo que ayudará a los países especialmente pobres a adaptarse a las consecuencias del cambio climático.
"Tiene un valor simbólico alto que los países más pobres y más afectados no queden relegados", dijo el experto en clima de Oxfam Jan Kowalzig. "Claro que no debemos olvidar que hacen falta otras medidas de los Estados industrializados para cumplir con su promesa de aumentar hasta 2020 a 100.000 millones de dólares anuales su ayuda".
También se puede interpretar como una mano extendida a los países en vías de desarrollo el hecho de que Obama hiciera referencia expresa a la responsabilidad histórica de su país. El hecho de que los compromisos son posibles lo mostró la aparición conjunta por la mañana de Obama y el presidente chino, Xi Jinping. Sin los dos mayores emisores de gases de efecto invernadero es impensable lograr un acuerdo global. Ambos hicieron movimientos claros en ese sentido en los últimos tiempos. Pero el discurso de Obama evidenció también las dificultades: EE.UU. quiere reservarse el derecho a establecer cuán ambiciosas serán sus propias metas.
De los 10.000 delegados depende si a fines de la semana que viene realmente se logrará un acuerdo mundial sobre el clima. El borrador está lleno de corchetes, que es como se marcan los párrafos controvertidos en las negociaciones internacionales. Y a pesar de la euforia del primer día, los analistas permanecen escépticos.
Tras años de idas y vueltas, esta es una especie de cumbre de la última oportunidad. Las expectativas son esta vez mucho más realistas que en la fracasada cumbre de Conpehague en 2009. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, advirtió: "Un momento político como este quizá no vuelva más".
| Agencia DPA |


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