11 de septiembre 2009 - 00:00

Inspirado homenaje a Nijinsky

Siete celebrantes protagonizan «El salto de Nijinsky», bella obra coreográfica que la compañía barcelonesa «Tránsit» estrenó en Rosario y traerá el 19 de septiembre a Buenos Aires.
Siete celebrantes protagonizan «El salto de Nijinsky», bella obra coreográfica que la compañía barcelonesa «Tránsit» estrenó en Rosario y traerá el 19 de septiembre a Buenos Aires.
«El salto de Nijinsky». Coreog. y dir.: M. Rovira. Mús.: J. Gamazo/M. Alvarez. Esp.esc.: S. Fernández/X.Valls. Ilum: X.Valls. Compañía Tránsit de Barcelona. (Teatro Fundación Astengo, Rosario. Función en Bs.As.: 19/9).

La filial Rosario del Mozarteum Argentino estrenó en su bello Teatro de la Fundación Astengo una obra de la coreógrafa catalana María Rovira en homenaje al legendario Vaslav Nijinsky. Interpretado por la compañía «Tránsit» de Barcelona, «El salto de Nijinsky» crea un espacio donde todo es posible, la imaginación, lo onírico, el recuerdo pero asimilado a una mirada contemporánea de la personalidad multifacética del gran artista ruso.

La coreógrafa María Rovira diseñó un universo personal en el que se fusionan la danza moderna con algunos elementos de la clásica junto a otros procedimientos de nuestro tiempo como el contact y el break dance, para rememorar a uno de los máximos artistas de los «Ballets Russes».

Evocado a través del salto, Nijinsky es cada uno de los celebrantes de este ballet, que en conjunción suman uno. Así, Nijinsky transita el espacio escénico, bello y despojado, en todas direcciones, crea tensiones con las líneas y las diagonales, se desplaza con movimientos de rotación y traslación hacia arriba y hacia abajo («térre á térre»). En definitiva: crea una red de movimientos y gestos que se generan en el bailarín desde una profundidad que va mucho más allá de la técnica adquirida o del equilibrio proveniente del estilo clásico. Los bailarines María Garriga, Isabel Tapias, Julio Escudero, Reinaldo Ribeiro, Sol Vázquez, Daniel Rosado y Damián Cortés conforman siete visiones complementarias de la imagen de Nijinsky, en conflicto con el entorno, sus afectos más cercanos y la naturaleza de un arte iconoclasta que lucha con las formas preestablecidas.

La música compuesta especialmente por Javier Gamazo y Marc Alvarez interactúa con el movimiento en una armonía absoluta. La recreación de los movimientos de Nijinsky en sus ballets, la plasticidad de sus brazos y sus manos,la evocación de sus trabajos más notables y la contundencia del friso griego reproducido por «La siesta de un fauno» se abren paso en los sesenta minutos de este ballet de Rovira, que ella misma dirige regulando la potencia de sus siete bailarines de sólida técnica y magnífica expresividad. Los rubros técnicos del espectáculo son óptimos apoyando siempre la intensidad de la danza.

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