Israel mira al Líbano y activa su poder de fuego

Edición Impresa

Jerusalén - Israel consideró ayer "claro como el agua" que el régimen sirio empleó armas químicas contra civiles, aunque aseguró preferir quedarse al margen de los conflictos regionales, consciente de la volatilidad de la zona y de que no existen alternativas buenas.

"Está claro como el agua que Bashar al Asad usó armas químicas y no fue la primera vez. La diferencia es que ahora no las empleó contra fuerzas de la oposición en combate, sino contra sus propios civiles", dijo el ministro israelí de Asuntos Estratégicos e Inteligencia, Yuval Steinitz, en un encuentro con medios internacionales.

Subrayó, además, que no sólo Israel está convencido de que fuerzas del régimen emplearon armamento químico contra la población civil, sino que también lo están otros países europeos.

"Pero no daré consejos a Europa o EE.UU." sobre esta cuestión, aseveró, en línea con las directrices dadas por su Ejecutivo de no hacer comentarios relacionados con una eventual intervención armada estadounidense en Siria.

La comunidad internacional debate qué medidas adoptar en caso de que se verifique el empleo de armamento químico y pese a las advertencias de Damasco sobre las "graves repercusiones" que tendría para la región cualquier acción beligerante extranjera.

Por el momento, Israel asegura ser reacia a inmiscuirse en los conflictos en ese y otros países árabes vecinos, aunque añade que no cierra la puerta a tener que defenderse ante un posible ataque procedente de Siria, según sus responsables políticos. "No vamos a intervenir en el tumulto regional, pero queremos dejar claro que si nos atacan responderemos", subrayó Steinitz.

El debate entre los mandos militares y expertos en estrategia regional se centra en cuál sería el escenario deseable en Siria, teniendo en cuenta que Israel sólo dispone de malas cartas.

Se contemplan dos alternativas: o bien que Al Asad gane el conflicto armado, pese a las consecuencias que ello tendría sobre su población y los favores a devolver a sus principales apoyos como Irán y Hizbulá, o que lo ganen fuerzas rebeldes y se produzca una situación en la que grupos de tinte yihadista puedan hacerse con armas no convencionales y atacar desde la frontera.

Sobre las alternativas que prevé el Estado judío, Steinitz consideró que "son difíciles de predecir", y ayer el diario Haaretz apuntó en un artículo el oxímoron de que "sin decirlo, Jerusalén desearía que ambas partes triunfaran".

Un alto mando miembro del Estado Mayor de la Defensa valoró recientemente los escenarios que analiza el Ejército israelí. "Ninguna situación es buena para Israel. Si Al Asad gana quedará supeditado a Irán, que será quien impartirá las órdenes a partir de entonces. Si los rebeldes ganan habrá caos, un completo descontrol. No sabemos decir cuál de los dos escenarios es peor", explicó el mando militar.

Las Fuerzas Armadas israelíes estiman que Irán tiene limitaciones para actuar contra Israel por la gran distancia que separa a ambos países, razón por la que se sumó a la milicia chií libanesa Hizbulá, convirtiendo el conflicto sirio en un asunto regional.

El alto mando aseguró que el régimen de Damasco recibe dinero e instrucción de Irán y de Hizbulá, y que en la actualidad hay más de 30.000 hombres armados que se desplazaron a Siria del extranjero para tomar parte en los combates.

"Hizbulá combate en Siria una guerra sin cuartel y esto tiene un precio para la milicia chií. Sin Siria, queda desconectado de Irán y, si los sunitas se apoderan del país, la milicia queda aislada", consideró el militar al explicar el interés del grupo libanés en intervenir en Siria.

Por otro lado, apuntó que Hizbulá mantiene intacto un arsenal de "entre 70.000 a 80.000 misiles apuntando hacia Israel" y sus hombres "están acumulando experiencia operativa en el campo de batalla".

A ese conflicto se suma la convulsa situación en Egipto, desde donde grupos vinculados a Al Qaeda dispararon cohetes contra el sur de Israel, y también en el Líbano, donde la semana pasada un grupo radical atacó el norte del país, lo que convierte la zona en un avispero de variables difíciles de controlar para los israelíes.

Agencia EFE

Dejá tu comentario