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Jamiroquai, como siempre, eficaz y nada convencional
En su nueva visita a la Argentina, Jamiroquai volvió a exponer el secreto de su permanencia: excelentes músicos, muy buenas coristas y el carisma de su líder Jay Kay.
El nombre de la banda que fundó el cantante y compositor británico Jay Kay a principios de los 90 marcó de algún modo el futuro, más allá de las cosas que pasaron desde entonces. Jamiroquai es la fusión entre el «jamming» de los jazzeros -que da lugar a la expresión «jam session», set de improvisación relativamente libre- e «Iroquois», tal como se llama una tribu americana con la que este músico dice identificarse. Todo eso, lo jazzero y lo étnico, la improvisación solística de los instrumentos -impensada en cualquier banda pop convencional- y la fuerte presencia percusiva que invita a la danza tribal atraviesan todo el trabajo de este grupo que ha cumplido 20 años de historia, una decena de discos (aunque ahora hace muchos años que no edita material nuevo) y 25 millones de copias vendidas en todo el mundo.
Suele decirse que Jamiroquai, el grupo en el que Jay Kay es figura casi excluyente -al punto de que muchos confunden ambos nombres- es una banda de funk y de acid jazz. Es cierto, claro. Pero esa definición limita lo que es en verdad mucho más amplio. A ratos parecen «sencillamente» un combo pop, con el trío de guitarra, bajo y batería en primer plano. Otros se transforman en una big band latina, con los «caños» sonando a pleno y con los teclados puestos a improvisar con «tumbao» centroamericano. O parecen ser una formación de jazz moderno, algo electrónica, que se permite el lucimiento de los distintos integrantes, aún de baterista y percusionista. Por momentos, suenan con la música de fondo de cualquier discoteca occidental, con una marcación constante que invita inevitablemente al baile. Finalmente, no son pocos los momentos en que suenan con un clásico grupo soul, cuando las tres mujeres del coro toman protagonismo y exhiben todas sus virtudes.
Extraño fenómeno el de Jamiroquai, porque siendo un grupo muy ligado a la industria de la música, son capaces de pasar años sin producir nuevo disco y volver sin prejuicios sobre viejos hits. El último álbum original fue «Dynamite», de 2005. Y poco después se editó una compilación de grandes éxitos titulada «High Times: Singles 1992-2006». De allí y de otros discos anteriores, Kay seleccionó canciones como «Alright», «High Times», «Little L», «Canned Heat», «Cosmic Girl», «Travelling without Moving», «Love Foolosophy» o «Deeper Underground», entre otras. Y todo es posible y eficaz porque, como decíamos, es difícil asociarlos a las convenciones más obvias, porque hay un elenco de muy buenos músicos sosteniendo el andamiaje, porque hay tres muy buenas cantantes haciendo coros y, sobre todo, porque hay un líder/solista/frontman que lleva la voz cantante, maneja el escenario, entretiene, divierte y dirige el asunto con la mayor solvencia.


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