La empresa brasileña usará la operación para reducir su abultada deuda. Trepó 8% en la Bolsa tras el anuncio. La compradora es su rival Minerva.
Central. Las instalaciones de JBS en Brasilia, sede de las operaciones de la empresa. En la Argentina supo tener cinco plantas.
San Pablo - JBS acordó la venta de sus unidades en Argentina, Paraguay y Uruguay a su rival Minerva por 300 millones de dólares, en momentos en que la mayor procesadora de carne del mundo busca dinero adicional para enfrentar un escándalo de corrupción en Brasil que provocó un aumento en los costos de financiamiento.
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JBS utilizará los ingresos de la operación para reducir la deuda, de acuerdo con un documento enviado ayer al regulador en Brasil.
El acuerdo, que ya fue aprobado por los directorios de ambas compañías, es el primero de JBS desde que sus fundadores admitieron haber pagado sobornos a cambio de favores políticos, en un escándalo que amenaza con derrocar al presidente brasileño, Michel Temer.
Los hermanos Joesley y Wesley Batista, controladores de la cárnica, dijeron haberles pagado sobornos tanto a Temer como a los entonces presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, pero comprometieron sobre todo al primero por grabaciones de la entrega de esas coimas.
J&F Investimentos, la matriz de JBS, firmó un acuerdo de indulgencia y pagará 3.100 millones de dólares por su participación en los delitos admitidos por la familia Batista, que controla el grupo.
La debilidad de la división del Mercosur de JBS y una moneda brasileña más fuerte contribuyeron a una caída de 14,3 por ciento en los ingresos netos de la compañía en el primer trimestre.
Minerva aumentó su estimación de ingresos netos a un rango de 13.000 a 14.400 millones de reales en los 12 meses que terminan en junio de 2018, dijo ayer la empresa en una presentación ante los inversores.
Las acciones comunes de Minerva subieron un 5,2 por ciento en la sesión, alcanzando un máximo de cuatro meses, mientras que los títulos de JBS avanzaron 7,87 luego del anuncio.
Idas y vueltas
JBS había experimentado condiciones operacionales difíciles en Argentina, donde ingresó en 2001 iniciando una expansión internacional. En el 2005 tenía en el país cinco plantas procesadoras de carne.
Sin embargo, la empresa optó por cerrar algunas de sus plantas en Argentina en 2012 como resultado de las cuotas de exportación implementadas por la entonces presidente Cristina de Kirchner, que quería limitar las ventas al exterior para impulsar el suministro interno y tratar de controlar los precios de la carne. Las plantas fueron reabiertas bajo la presidencia de Mauricio Macri.
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