23 de noviembre 2012 - 00:00

Jurista de raza sin sentido común

«¿Qué le paso al juez Griesa? ¿Se volvió loco?». Sin duda, ésta ha sido la reacción de muchos. Oficialistas u opositores. Expertos o inexpertos. Para entender más la decisión del juez, hay que separar los puntos. Lo que Griesa argumenta para fallar a favor de los fondos buitre es lo siguiente:

el 93% que aceptó la oferta de reestructuración argentina lo hizo voluntariamente. Una minoría decidió no participar y correr el riesgo de hacer juicio para cobrar el 100% en el futuro. La Argentina hoy cuenta con los recursos necesarios para pagar dicha deuda. Y el pago a los holdouts no debiera afectar al resto de los bonitas.

Conclusión: «Argentina, pague».

Lamentablemente, hasta aquí, nada para reprochar.

El problema con los fondos buitre y sus reclamos se origina en que hasta hace muy poco tiempo, las emisiones de bonos no incluían cláusulas de acción colectiva (los ahora famosos CAC, según sus siglas en inglés). Lo que estas cláusulas especifican es que si un deudor presentara una oferta de reestructuración de deuda que fuera aceptada por el 66,6% de los bonistas, entonces el 100% estaría obligado a aceptarla.

En otras palabras, si dos tercios de los acreedores aceptaran dicha oferta, implicaría que ésta es muy razonable, y debiera ser aceptada por todos.

Ahora bien, la oferta argentina fue aceptada ¡por el 93 por ciento de los acreedores! Por lo que se deduce que ha sido una oferta ¡mucho más que razonable!

Griesa no debería desconocer esto. Como tampoco que todavía habrá más reestructuraciones por venir en el mundo, y que la mayoría de los bonos emitidos por países hoy en problemas no contempla los tan deseados CAC. Por lo que su fallo sienta un muy peligroso precedente para el futuro inmediato.

Las consecuencias de entrar en un nuevo default de deuda en las actuales circunstancias pueden ser devastadoras. Se ampliaría más la brecha cambiaria, se frenarían fuertemente las exportaciones, las empresas encontrarían muchas más trabas para financiarse aún, y el impacto en la economía real se haría sentir de manera casi inmediata.

En síntesis, es evidente que Griesa es un jurista de raza. Que tal vez haya perdido todo sentido común. O más probablemente, esté concediendo este absurdo fallo influido por las descalificaciones oficiales hacia su autoridad y la Justicia de su país, como ha quedado demostrado en el tinte emocional y hasta casi personal de sus argumentos.

Cristina debería tomar nota de este detalle. Porque si queremos que la apelación tenga éxito y que el fallo sea revertido por los altos tribunales de la Justicia americana, difícilmente lo logremos si empezamos por desacatarla...

(*) Presidente de Axis Inversiones y extitular del Deutsche Bank.

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