1 de febrero 2010 - 00:00

Kirchner no se decide a someter a grupo crítico

Sergio Massa, Horacio González, Raúl Pérez, Julián Domínguez, Fernando Navarro
Sergio Massa, Horacio González, Raúl Pérez, Julián Domínguez, Fernando Navarro
El desenlace de la crisis del PJ que se desató tras el encuentro, el lunes pasado en la costa, entre diputados bonaerenses del FpV, donde hubo alertas por el destino electoral del PJ, tiene en veremos a Néstor Kirchner que no define la táctica para resolver ese entrevero.

La semana pasada, apenas trascendió el encuentro -y su contenido- un sector del kirchnerismo, entre ellos el ministro de Agricultura Julián Domínguez y el diputado Fernando «Chino» Navarro, plantearon que el episodio debía derivar en un castigo sobre los organizadores.

Promotores

Por un lado se apuntó a Horacio González, el titular de la Cámara; por otro al jefe del bloque oficial, Raúl Pérez. Porque fueron promotores de la cita, y por el peso (político e institucional) de sus figuras, sobre ellos cayó la furia del ex presidente.

Sin embargo, más allá de las sugerencias de «descabezar» a González y Pérez, Kirchner todavía no decidió cómo encarrilar ese conflicto que volvió a dejar en claro el momento crítico que se vive puertas adentro del peronismo respecto a su modo de conducción.

Lo ocurrido con el Grupo Pinamar, que desató la ferocidad del ex presidente, puso a varios ministros K a operar en la provincia y generó malestar en la gobernación, puso llamas el bloque y derivó en el enojo de diputados que no fueron avisados de que la cumbre se haría pública.

Hay varios motivos, y varios interesados, en descargar la ira K sobre Pérez: el ministro Domínguez, que arrastra una mala relación de cuando compartían la Cámara, el ministro Julio Alak enfrentado en La Plata y también Navarro, quizá menos estridente, que perdió con Pérez la jefatura del bloque.

Por otro lado, la gobernación mira con atención esa crisis porque un avance sobre Pérez podría producir una fractura del bloque oficial dejando con menos de 30 diputados al oficialismo que ya, en estas condiciones, tiene que sufrir el hecho de tener una bancada minoritaria de 37 legisladores en la Cámara baja.

Por otro lado, el sciolismo cree que detrás de la difusión de aquel almuerzo está la mano de Sergio Massa a quien tienen, en estos tiempos, como su enemigo preferido. En estas horas, el jefe de Gabinete Alberto Pérez, trata de suturar las heridas de esa crisis.

Incomodidad

De todos modos, los movimientos de Massa generan también incomodidad dentro del bloque donde dicen que el ex jefe de Gabinete los «usa» para hacer su propio juego. Algo similar ocurre con intendentes a los que el dirigente de Tigre suele mencionar como aliados suyos.

Frente a eso, el dilema de Kirchner se expande en tres direcciones.

Por un lado, dejar pasar la rebeldía de los bonaerenses puede ser leído, según exponen algunos K de la provincia, como un gesto de debilidad.

Por otro, si decide avanzar sobre Pérez y González, se arriesga a que la jugada no sea lo efectiva que pretende -o le dicen que serían sus operadores en la provincia-. ¿Y si, por alguna razón, el bloque se niega a voltear a Pérez a quien reeligió como jefe en diciembre pasado? ¿Y si no aceptan remover a González, que en diciembre fue electo por unanimidad como titular de la Cámara?

La tercera opción es que avance sobre esos dirigentes -o sobre alguno de ellos- y logre hacerlos desplazar pero con el costo de que los bloques oficialistas se reduzcan más y empuje a dirigentes, quizá prematuramente, a otros esquema del peronismo.

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