4 de junio 2015 - 00:00

Kissin: regreso con poco público

Tras casi dos décadas de ausencia, el regreso del pianista Evgeny Kissin encontró a un Teatro Colón semivacío.
Tras casi dos décadas de ausencia, el regreso del pianista Evgeny Kissin encontró a un Teatro Colón semivacío.


Recital de Evgeny Kissin (piano). Obras de W. A. Mozart, L. van Beethoven, J. Brahms, I. Albéniz y J. Larregla (Abono Quinto Aniversario, Teatro Colón, 2 de junio).

Desde el anuncio oficial, a fines del año pasado, de su regreso luego de casi dos décadas de ausencia, la expectativa por el recital de Evgeny Kissin, uno de los más legendarios pianistas de la actualidad, fue enorme. Lo curioso es que, pese a esto, la sala del Teatro Colón lució en esta única presentación alarmantemente semivacía: decenas de palcos y plateas quedaron sin ocupar, y sólo las localidades altas tuvieron la presencia de público esperable (el costo de las entradas es una obvia razón para esta distribución, pero no deja de ser curioso el fenómeno).

El repertorio elegido permitió a Kissin mostrar distintas facetas de su personalidad pianística, ecléctica pero siempre atrapante. La Sonata en do mayor K. 330 de Mozart que abrió el recital exhibió la inteligencia de un pianista sobrio, mesurado, capaz de jugar sin afectación, de dar plena fuidez a las líneas sin empalagar, de brindar transparencia sin apabullar. El Beethoven que le siguió (sonata n° 23, "Appassionata") comenzó a poner de manifiesto el pensamiento de una mente musical fabulosa, que no deja nada librado al azar pero que se plasma en un cuerpo totalmente entregado al momento.

Fue justamente en sus los Intermezzi opus 117 de Brahms que el pianista logró uno de los puntos más altos de la noche: hay en toda su interpretación mucho de una expresividad apasionada y al mismo tiempo cerebral, un fervor dosificado, una expansión intimista que le sientan perfectamente a la música del compositor alemán. El bloque final, dedicado a España, lo mostró como el gran colorista que es. En cuatro piezas de los opus 47 y 181 de Albéniz, Kissin hizo viajar al oyente desde la pálida calma de "Granada" hasta la variedad dinamica de "Asturias", con una fabulosa recreación de una melodía mucho más famosa que su autor: la jota de concierto "¡Viva Navarra!" de Joaquín Larregla que cerró el programa.

El homenaje a España se prolongó en el primer bis, la "Danza Andaluza" de Granados, y en agradecimiento al fervor de la audiencia, inversamente proporcional al número de espectadores que la integraban, Kissin se despidió con dos alucinantes versiones de Chopin: la Polonesa "Heroica" opus 53, en la que su mano izquierda desplegó todo su poderío, y la Mazurka en la menor opus 68 n° 2, vertida con delicadeza, nobleza y elegancia.

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