15 de marzo 2013 - 00:00

La alegría, según Moreno

"Muchachos: si el pueblo está contento, nosotros tenemos que estar contentos. Si el pueblo está contento porque el Papa es argentino, ¿cómo no vamos a acompañar esa alegría si somos peronistas?".

Guillermo Moreno se paró frente al auditorio de militantes y funcionarios K que fue a escucharlo a la sala de la Secretaría de Comercio y apagó los murmullos quejosos de la tropa kirchnerista que protestaba por la entronización, un rato antes, de Jorge Bergoglio como jefe de la Iglesia.

Didáctico, como un tío comprensivo, Moreno aportó en la intimidad de esas charlas, en las que adiestra sobre el curso económico del Gobierno e inyecta optimismo a los dubitativos, un enfoque contrario al que sectores K expresaron sobre el papa argentino.

Usó un argumento de raigrambre peronista: el Gobierno debe respetar y acompañar el buen humor del pueblo, incluso cuando el motivo de ese buen humor pueda, a priori, aparecer como per-judicial para el Gobierno.

Eso fue, en rigor, lo que entendieron grupos kirchneristas que asumieron la entronización de Bergolgio como una mala noticia para la Casa Rosada, a partir de la histórica tensión entre el jefe de la Iglesia criolla y el kirchenrismo, sobre todo en tiempos de Néstor Kirchner.

Fue un clima que se instaló, incluso, en despachos oficiales con un enfoque proyectado de un protagonismo internacional de Bergoglio, que podría marcar matices con Cristina de Kirchner. Por ahora, sólo presunciones.

Sobre esa presunción se instaló, alimentada por un soporte ideológico, la crítica a Bergoglio referida a supuestos vínculos con la dictadura. La primera reacción de Cristina, sin embargo, fue saludar escuetamente y con distancia la consagración. Luego, más eufórica, trasmitió sus deseos sobre la que debería ser la agenda del papa.

Hay, en paralelo, miradas claramente diferentes sobre cuál será en el tiempo el impacto de la irrupción de Bergoglio como jefe de la Iglesia. El kirchnerismo más cercano a Cristina, el de diálogo diario, supone que no modificará las variables internas.

Ese dictamen es producto de una negación o de un deseo. Tanto como los que se esfuerzan ahora por encontrar en Bergoglio encantos y conductas de las que carecía antes de llegar a la consagración como papa.

Hubo, además, tensiones propias por esos matices: el Congreso fue el epicentro de esas diferencias.

Otros, como Emilio Pérsico, no dudaron en mostrarse de acuerdo con el nombramiento a pesar de cierta reserva general en el kirchnerismo.

"No todos en el kirchnerismo pensamos lo mismo sobre este tema, para mí fue una gran alegría su designación" dijo el dirigente del Movimiento Evita porque "sé muy bien de su compromiso con los humildes y los trabajadores".

Pérsico contó, además, que Bergoglio ofició una misa en secreto "por la salud del compañero Chávez" y se expresó con claridad. "Es un papa de lujo para los últimos años de la Iglesia.

Desafió, incluso, el discurso que quiere vincularlo con la represión en épocas del proceso: "He militado durante toda la dictadura y no he encontrado ninguna prueba de las denuncias contra Bergoglio".

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