Faltaban días, apenas, para el cierre de las listas del FpV que competirían en el primer ensayo de las PASO y en la victoria, por el 54%, de Cristina de Kirchner. En esos días, a través de Carlos Zannini, la Presidente haría ingresar en las boletas K a la tropa juvenil, sus soldados.
En diciembre de ese año, tras el triunfo,Cámporaó el ingreso de ocho legisladores propios enCámaraDiputados deNación.ellos, Larroque, Eduardo "Wado" De Pedro y Mayra Mendoza, de la mesa nacional neocamporista mientras que José Ottavis y Juan Cabandié -el sexto es Mariano Recalde, que siguió al frente de Aerolíneas Argentinas- juraron enLegislaturay porteña respectivamente.
2011 fue el año del despegue y 2012 el de la expansión. En abril de ese año, con la Presidente como oradora central, se lanzó Unidos y Organizados (UyO), la mega agrupación K planeada para unificar el disperso y variopinto universo peronista y ponerlo bajo el mando estricto y vertical deCámpora. El proceso siguió durante ese año e incluyó un período de engorde del neocamporismo que implicó la absorción de otras agrupaciones -muchas, pequeñas y medianas, renunciaron a su identidad y su nombre- y otras se fusionaron o aceptaron quedar bajo lo que podría llamarse conducción estratégica del espacio que señala como incierto conductor a Máximo Kirchner.
La proclama de trinchera que Larroque lanzó enPlatajunio de 2011 adquirió con el lanzamiento de UyO el 27 de abril de 2012, una de las efemérides fetiche del kirchnerismo que recuerda el segundo lugar de la fórmula Kirchner-Scioli en la presidencial de 2003 detrás de Menem y el ahora massista Juan Carlos Romero- volumen formal: el inocultable objetivo deCasaesparcida por Zannini, de constituir un frente político, dirigencial y militante que opere como contracara y contrapeso del peronismo institucional, ese contingente de gobernadores, intendentes, jerarcas sindicales y caciques que convive bajo el sello oficial del PJ.
A duras penas, sobre la hora, el cacicazgo peronista del conurbano fue invitado al show de UyO en la cancha de Vélez donde los gobernadores quedaron, además, relegados en las segundas, terceras o cuartas hileras de sillas, mientras Cristina de Kirchner saludó entre Larroque y Emilio Pérsico, mandamás del Evita, la otra pata de UyO. El lugar en el escenario para los capitanes peronistas traslució una simbología potente y precisa.
El año 2012 fue la temporada de la teoría del puño -o la bolita- en el colchón:Cámporaactor que marcaba la centralidad en la superficie kirchnerista y todos los demás actores se nucleaban, orbitales, en torno suyo imantados por una gravedad política.
El período estuvo, en paralelo, cruzado por otros factores, el principal que -como en una regla básica- del cielo del 54% se empezó a bajar. El crédito que consumió la Presidente desde entonces castigó, redoblado, a La Cámporageneró tensiones dentro y fuera del dispositivo K. El verticalismo extremo y un sistema de conducción unívoco y centralizado se volvió, en la mala hora cristinista, un peso.
Mientras la Presidente sobrevoló montada al 54%, el "dijo Cristina" se convirtió en el abracadabra preferido de los caciquejos neocamporistas y en una Biblia casi irrefutable para los demás habitantes del planeta oficial.
El protagonismo deCámporacristalizó por otra vía. Además de los ocho diputados nacionales y las múltiples bancas provinciales, la agrupación se convirtió en una factoría de funcionarios: con el tatuaje neocamporista crecieron Axel Kicillof, Julián Álvarez y Mariano Recalde, por citar tres casos de un numeroso bloque que ocupó cargos en las segundas líneas de casi todos los ministerios.
La etapa de expansión se cortó en 2013. Aunque el funcionariato camporista, aun porcentualmente bajo en relación con la burocracia oficial, se siguió expandiendo -en círculos K dicen que los nombramientos de planta son, en general, de militantes de la agrupación juvenil-, en los ámbitos donde tuvieron que lidiar con otros actores,Cámporaó a baja.


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