La gran operación policial y judicial del martes contra una trama corrupta en el PP de Valencia (este) lo golpea en el peor momento: en medio de los contactos para intentar formar Gobierno por segunda vez, luego de que no se presentara para un intento de investidura la semana pasada por no contar con el apoyo necesario en el Congreso de los Diputados.
"No se puede luchar contra la corrupción mientras se ampara", dijo ayer Albert Rivera, líder de Ciudadanos, que hizo bandera de las medidas de regeneración contra las corruptelas políticas.
Los contactos que Rajoy y él iniciaron el lunes para desbloquear la formación de un Ejecutivo pueden complicarse, aunque el líder del PP defienda públicamente que la redada contra su partido en Valencia "no tiene por qué dificultar las negociaciones" ya que los arrestados fueron suspendidos de militancia.
Ciudadanos, cuarta fuerza parlamentaria, es el único partido que hasta ahora había ofrecido posibilidades de apoyo al saliente jefe de Gobierno: en forma de posible abstención en una votación de investidura y como mediador entre el PP y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la búsqueda de un acuerdo para la formación de un Gobierno conjunto.
El líder socialista, Pedro Sánchez, rechazó reiteradamente la oferta de Rajoy para formar una gran coalición. Desde la operación en Valencia es más difícil que pueda atraerlo.
"El hedor (de la corrupción en el oficialismo) empieza a ser insoportable", aseguró ayer. "Desde aquí le digo no, un no rotundo", manifestó luego de que Rajoy hiciera un nuevo intento por llevarlo a negociar comprometiéndose a apoyarlo en los municipios y regiones en los que el PSOE gobierna gracias al apoyo de Podemos.
El nuevo escándalo de corrupción puede beneficiar a esa formación surgida del movimiento de indignados, que la semana pasada ofreció a Sánchez presidir un Ejecutivo de izquierdas con su líder, Pablo Iglesias, como vicepresidente. Si los socialistas quieren, puede haber un Gobierno progresista "en cuestión de días", presionó ayer él.
Al escándalo en Valencia se unió una nueva imputación del exministro de Economía y exjefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, con varias causas ya abiertas por corrupción en el tiempo que estuvo al frente de Bankia, y la propia imputación del PP por haber borrado presuntamente las computadoras del extesorero Luis Bárcenas.
Durante los cuatro años de gobierno, a Rajoy lo persiguió la sombra de Bárcenas, que presuntamente condujo una contabilidad paralela en el PP durante dos décadas, y la del "caso Gürtel", una trama en la que una red de empresas que se especializó en organizar actos para el partido obtenía presuntamente contratos públicos a cambio de contraprestaciones.
"La corrupción nos perjudicó mucho, más incluso que la situación económica", reconoció Rajoy en octubre, en precampaña ya para los comicios de diciembre. Los escándalos contribuyeron luego al desplome del partido en esas elecciones.
En cuatro años, Rajoy no limpió el partido. Ahora puede tener que "pagar su tibieza", escribió ayer el diario El Mundo. La operación contra el PP en Valencia, "además de dificultar la negociación, hace más evidente la necesidad de una regeneración sin él", defendió por su parte El País.
| Agencia DPA |


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