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La crisis pegó en la conferencia de no proliferación
La atmósfera también estuvo contaminada por catorce años de fracasos en la Conferencia de Desarme en la negociación de un tratado que prohíba la producción de material fisionable y la demorada entrada en vigor del Tratado de Prohibición de los Ensayos de Armas Nucleares. Estados Unidos, a pesar de las promesas, sigue sin haberlo ratificado.
Poca generosidad
La contribución de los cinco Estados poseedores de armas nucleares reconocidos por el Tratado (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia) fue igualmente poco generosa. La resistencia a aceptar mayores compromisos para iniciar un proceso genuino de desarme nuclear contradijo las expectativas públicas. La defensa de las respectivas doctrinas sobre el uso del arma nuclear, en particular de China y Francia, contrastan con la demanda de comportamientos diferentes.
Paralelamente, Irán hizo todo lo posible para que las negociaciones se empantanaran. Transmitió la imagen de un país en víspera de su retiro del Tratado. Trató de demostrar las falencias y excesos del sistema de salvaguardias de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en una actitud de muy poca razonabilidad. Presumiblemente esa actitud estuvo incluida por el hecho de que durante la Conferencia, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas consideraba, en sesión informal, un proyecto de resolución para aplicar nuevas sanciones económicas a Irán por la continuación del programa de enriquecimiento de uranio al 20%.
El demérito de las principales potencias al acuerdo promovido en Teherán por Brasil y Turquía tuvo su influencia en el ánimo iraní.
Corea del Norte fue el otro tema delicado. Los episodios en la Península de Corea apartaron también una cuota de dificultad sobre la situación de un país que, en violación al Tratado, realizó dos ensayos de armas nucleares y anunció el retiro del instrumento.
La Argentina y Brasil demostraron el grado de integración y cooperación existente.


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