8 de junio 2023 - 00:00

La destrucción de la represa de Kajovka lleva el drama ucraniano al nivel del desastre humanitario

Poblaciones enteras desaparecieron bajo el agua y dejan a la gente sin vivienda, trabajo ni sustento. Siguen las acusaciones cruzadas entre Kiev y Moscú.

DESASTRE. La vista aérea en la zona de Jersón muestra la extensión de la inundación provocada por la voladura de la represa de Kajovka.
DESASTRE. La vista aérea en la zona de Jersón muestra la extensión de la inundación provocada por la voladura de la represa de Kajovka.

Ioulia Silina

Jersón - El agua barrosa ya llega a los tejados en la ciudad de Jersón, en el sur de Ucrania, donde los rescatistas siguen evacuando en pequeñas embarcaciones a los habitantes, muchos de los cuales se quedaron sin nada.

“Nos quedamos sin casa. El agua se la tragó por completo. Ya ni se puede ver el techo...”, dice Dmitri Melnikov, de 46 años, que fue evacuado junto a sus cinco hijos. “Toda la zona está ahora bajo el agua”, añade.

La destrucción el martes de la represa de Kajovka, en el río Dniéper, provocó inundaciones tanto en la zona del país controlada por las autoridades ucranianas, incluyendo Jersón, como en la controlada por Moscú. Las dos partes se acusan mutuamente de su destrucción y realizan evacuaciones.

Según las autoridades ucranianas, las aguas del Dniéper subieron de cinco metros y podrían seguir creciendo.

Policías, socorristas y militares evacúan a los habitantes, entre los cuales hay muchos ancianos, y a animales de compañía. Algunos no esperaron y evacuaron a nado o en colchones inflables.

Natalia Korj, 68 años, llega a tierra firme con los pies descalzos y la ropa empapada. Lleva con ella unas bolsas con efectos personales. “Todas las habitaciones de mi casa están bajo el agua”, cuenta.

Tuvo que nadar para escapar. Sus piernas están cubiertas de rasguños y sus manos tiemblan por el frío. Está preocupada por sus dos perros y su gato, que no pudo salvar.

Auxilio

“Cuando pueden, los habitantes nos envían su geolocalización y los rescatamos”, explica Serguiï, un policía de 38 años que participa en las operaciones de rescate.

Svetlana Abramovitch, de 56 años, organiza el rescate de 22 habitantes que siguen atrapados en una vivienda de cinco plantas.

“El agua comenzó a llegar ayer por la noche y después de las 6 de la tarde inundó el edificio y el patio. El agua entró por las puertas a los apartamentos de la planta baja”, cuenta.

Algunos de los evacuados, aliviados de estar en un lugar seguro, sonríen al llegar, otros lloran y tiemblan. Casi no reaccionan cuando comienza a sonar una sirena antiaérea. Jersón es regularmente blanco de bombardeos de las tropas rusas.

“Allá es el agua, aquí las explosiones”, suspira Svetlana.

Dmitri tomó su decisión: se irá de la ciudad.

“Estamos acá desde que comenzó la guerra, sobrevivimos a la ocupación. Pero nos quedamos sin casa, sin trabajo, sin nada. No nos queremos ir, pero ¿qué podemos hacer?”, pregunta.

Voluntarios llevan a las familias a la estación de autobuses, donde algunos toman un micro gratuito que los llevará a la cercana ciudad de Mikolaiv. También hay un tren para evacuarlos.

Pero muchos prefieren quedarse en Jersón o en las ciudades cercanas, mientras esperan que el agua se retire.

Sergui Trofimov, de 34 años y miembro de la organización humanitaria Proliska, ayuda a la gente en la estación.

“La gente prefiere esperar que el nivel del agua baje, no quieren irse muy lejos”, explica. “Quieren volver a sus casas lo antes posible”.

Agencia AFP

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