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La enseñanza que nos deja China: siempre gana el que es más fuerte
De aquí surgen dos enseñanzas: la inviabilidad -el fracaso- del marxismo y la inutilidad de las guerras -frías y calientes- para combatir ideologías fanáticas que se vencen ayudando a madurar a sus dirigentes. Funcionó el pragmatismo del líder que inició el vuelco hacia el mercado, Deng Xiaoping, explicitado en 1960 al asegurar que "da igual que el gato sea blanco o negro, en tanto cace ratones" y cambió el rojo comunista por el color del mercado, aunque quieran presentarlo como "socialismo de mercado".
La tercera enseñanza es que siempre gana el más fuerte. Siendo el Estado el monopolio de la violencia con el que impone leyes, regulaciones, fronteras y demás, el que blande el músculo más grande es el que se queda con la mejor porción, a diferencia del mercado, donde las relaciones son voluntarias y, por tanto, lo que importa es la eficiencia.
China es un socio creciente que espera aumentar el comercio con Latinoamérica y el Caribe hasta los u$s 500.000 millones para fines de la década y acumular u$s 250.000 millones en inversiones. De hecho, la financiación china a la región ya supera los u$s 100.000 millones. Sugestivamente, los más débiles -en situación más crítica- son los más "beneficiados", como Ecuador y Venezuela, que recibió más de u$s 50.000 millones en préstamos. Y ahora le toca el turno al Gobierno argentino, que necesita la "billetera abierta" de un socio que ya ha desembolsado fondos para el BCRA.
Mientras que el crudo baja hasta los u$s 50/b y el pronóstico es que el precio seguirá cayendo, tres días antes del viaje de Cristina de Kirchner, YPF anunció un acuerdo con Sinopec, una gran petrolera china, y firmó un memorando previo a un eventual pacto mayor. La meta es lograr una asociación estratégica para desarrollar proyectos de petróleo y gas no convencional en Vaca Muerta, pero -a diferencia de los acuerdos con Chevron y Dow, vale remarcar- también convencional en otras áreas. Sucede que en la Argentina el Gobierno impone un sistema por el cual el barril cotiza a u$s 77 la variedad Medanito u$s y 60 la Escalante: así cualquier petrolera -incluida YPF- resulta rentable.
Además del tema pendiente de la base lunar en Neuquén, que cede soberanía, se avanzó en un convenio que otorga permiso a los ciudadanos asiáticos para "realizar cualquier actividad lucrativa en igualdad de condiciones y competencia con los argentinos", beneficios que encresparon a los directivos de la UIA, injustificados en mi opinión porque la competencia -alma mater de cualquier deporte, de cualquier crecimiento-, aun con los chinos, siempre es sana.
En cualquier caso, la respuesta de la Presidente fue desacertada. Aseguró que las quejas son infundadas porque el "Gobierno iniciado en 2003 (...) hizo de la reindustrialización una política de Estado". Los datos dicen otra cosa. La participación de la industria en el PBI nacional hoy llega sólo al 15%, cuando en los años 90 se acercaba al 18%. Mientras que en 2003 el aporte de la industria a la ocupación total era del 18%, en 2013 retrocedió al 16,4%.
En fin, a largo plazo la "asociación estratégica" con el Gobierno asiático vale poco ya que, así como el crecimiento chino se debe a la actividad privada -y en cada vez menor proporción a la estatal, que se enriqueció, precisamente, gracias al crecimiento del sector privado-, cada vez más la influencia asiática en el exterior se dará a través de sus empresas privadas. De hecho, las inversiones del sector privado chino, de ser nulas hace pocos años, hoy ya superan el 23% del total de la inversión extranjera directa (IED) china en la región.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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