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La escena sensorial que no es visible a los ojos
Gerardo Bentatti, director del Centro Argentino de Teatro Ciego: “Yo renuncié al teatro con luz”, dice este director y actor que debutó hace más de 20 años con esta técnica.
El Centro Argentino de Teatro Ciego fue creado en 2008 por el actor y director Gerardo Bentatti y el escritor Martín Bondone. Allí se ofrecen actualmente nueve espectáculos de diferentes géneros, entre ellos un infantil, dos comedias dramáticas y un show de magia. La compañía está integrada en 50% por personas ciegas o con fuerte discapacidad visual. Según explica Bentatti: "Es una actividad que no sólo favorece la inclusión de gente a la que le resulta muy riesgoso salir a la calle por su condición, sino que además le brinda al público una experiencia teatral única que aviva su imaginación y lo estimula sensorialmente". Dialogamos con él:
Periodista: ¿De qué trata "Babilonia FX"?
Gerardo Bentatti: Es una obra muy cinematográfica y dinámica, ambientada en los años 90'. Cuenta la historia de un fotógrafo que es asesinado por haber tomado una foto y ese crimen genera un gran meollo político y policial. La trama está inspirada en un caso real, pero a la vez tiene humor. Todo sucede de manera rápida y furiosa porque hay un constante cambio de planos y locaciones. A los hombres les encanta esta obra. Otra que gusta es "Inodoro Pereyra, a ciegas", basada en la tira de Roberto Fontanarrosa. Adaptamos los 250 capítulos tomando como pretexto la muerte de don Inodoro. Tiene gags y por supuesto aparecen la Eulogia, Mandinga, los loros, el chancho Nabucodonosor y el perro Mendieta, que me tocó hacer a mí.
P.: ¿Optó definitivamente por esta modalidad teatral?
G.B.: Yo renuncié al teatro con luz. Soy actor desde los 13 años, estudié con el maestro Raúl Serrano e hice varias obras con iluminación hasta que en el Festival Internacional de Córdoba de 1992 descubrí, en una muestra paralela, el espectáculo del cordobés Ricardo Sued, "Caramelo de limón", la primera obra que se hizo a oscuras. Dos años más tarde fui seleccionado para protagonizarla en Buenos Aires y ahí me di cuenta de las posibilidades que tenía este formato, y decidí que si trabajaba a oscuras, lo lógico era incluir gente ciega en el elenco. Desde 2001, estoy en el escenario del Centro Argentino de Teatro Ciego, todos los fines de semana sin interrupción.
P.: ¿El público soporta una hora de oscuridad?
G.B.: Los primeros cinco minutos son muy apremiantes porque el cuerpo es una máquina perfecta que reacciona y se defiende con todo lo que tiene ante las situaciones que considera amenazantes. Cada segundo tiene peso, el minuto es eterno y cinco minutos ya son una eternidad. A mucha gente le transpiran las manos, sobre todo a los hombres. Cuanto más formales parecen, peor se ponen; pero, nosotros logramos aflojarlos. El ingreso a la sala es muy lúdico, hacemos chistes sobre lo que van a ir sintiendo y luego la misma obra los va llevando. De 2001 a 2015, apenas 0,25 % de los espectadores abandonó la sala. Es decir una de cada 400 personas ¡Eso no es nada!
P.: ¿Cómo captan la atención del espectador?
G.B.: Cada tantos minutos aparece un efecto especial, un perfume, algo inesperado. Puede ser un ruido, sonidos ambientales o un chiste, algo que sacuda al espectador y lo vuelva a poner en situación. El público siente el viento, la lluvia, los olores, la cercanía de un animal. (Durante unos segundos Bentatti reproduce el relincho de un caballo con notable fidelidad). Preferimos hacer nosotros los sonidos para que todo parezca más real. También tenemos un laboratorio de perfumería. A través de estos recursos buscamos que el espectador agudice su percepción. Salvo en el caso de Inodoro Pereyra, procuramos que los personajes y las historias sean muy realistas. Nos gusta que la gente que viene al teatro, se pregunte ¿estoy soñando, es una representación, un libro? ¿En qué realidad estoy metido? ¡Tendría que ver la cara de susto que tienen al entrar! Pero después de la función hasta el más formal sale con una sonrisa de niño.
Entrevista de Patricia Espinosa


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