16 de febrero 2012 - 00:00

La ficción histórica es un tema recurrente en la Berlinale 2012

«Tabú», de Miguel Gomes, como «Meteora» de otro cineasta joven (el greco-colombiano Spiros Stathoulopoulos), son una bocanada de aire fresco en esta edición del Festival de Berlín.
«Tabú», de Miguel Gomes, como «Meteora» de otro cineasta joven (el greco-colombiano Spiros Stathoulopoulos), son una bocanada de aire fresco en esta edición del Festival de Berlín.
Berlín - Ya se han visto las tres cuartas partes de las películas en competencia. ¿Por qué no resaltar, entonces, lo más notable, curioso o revelador del popurrí que ofrece un festival de primera clase como la Berlinale? Rara vez coinciden nuestros gustos con los premios otorgados, o las apreciaciones de colegas veteranos. Pero después de años de cine y festivales se desarrolla un método crítico y resulta práctico aferrarse a él. Para conservar la mirada fresca viendo tres títulos por día durante más de una semana, conviene abordar cada uno como una tabula rasa, desde una perspectiva de docta ignorancia, sin lectura previa de material publicitario. «The story is king», dicen en Hollywood, y nada mejor que dejarse seducir por historias contadas en salas oscuras. Los buenos films invitan a descubrir ideas, personajes, geografías y universos imaginarios, o entretienen un rato, que no es poca cosa. (Para esto último, nos permitimos una recomendación, el brioso thriller norteamericano «Haywire», mostrado fuera de concurso).

Uno de los temas comunes a varias películas ha sido el tratamiento de la historia con sentido crítico, revisionista o satírico. En «Farewell My Queen» (más ficción que historia), Maria Antonieta vive tres días cruciales en torno la toma de la Bastilla según la perspectiva del servicio domestico; en un Versalles de colores desaturados y atmósfera lúgubre impera el caos y el miedo. La frivolidad de la reina, perdida entre pelucas y vestidos, no por conocida deja de impresionar.

Los hermanos Taviani con gran vitalidad física y artística a sus ochenta y pico de años también recurren a la historia y la literatura en «César debe morir», un drama a caballo entre el documental y la ficción, sobre un grupo de presos en Roma -la mayoria mafiosos condenados a cadena perpetua- que ponen en escena «Julio César» de Shakespeare. Sobria y potente, la película borra las distinciones entre la realidad carcelaria y el milagro operado por la literatura en presos que se identifican gradualmente con los conflictos de honor, traición y asesinato desarrollados en la obra. «Desde que conozco el arte, la celda se me ha convertido en prisión», comenta al final uno de ellos.

La ficción histórica se usa con objetivos ideológicos y la mira puesta en el mercado internacional en «The White Deer Plain», una produccion china ambientada en los años veinte. Filmada con preciosismo fotográfico desde la narrativa oficial comunista sobre la China decadente precomunista, y con fuertes elementos simbólicos, el largometraje ejemplifica el Gran Film Patriotico promovido desde 1949 por las autoridades de ese país. «The Flowers of War», último trabajo de Zhang Yimou, visto fuera de concurso, pertenece también a este género revitalizado. La inclusión de Christian Bale en una historia brutal basada en la masacre japonesa de Nanking pone de relieve esta estrategia comercial. El Yimou de la alegoría politica antirégimen ya no existe.

La excentricidad del Sur norteamericano provee el marco a la interesante pero deshilvanada «El auto de Jayne Mansfield» (tal la traducción literal del título original), dirigida, escrita e interpretada por Billy Bob Thornton, financiada por una productora rusa. Ambientada en los años sesenta, la película resulta una version «lite» de conflictos de familia explorados por Tennessee Williams y William Faulkner. Estas almas perdidas están presentadas con sátira y afecto, especialmente los personajes de patriarcas desbordados por la contracultura, interpretados por Robert Duvall y John Hurt.

Los nuevos realizadores alemanes continúan explorando las complicadas relaciones entre las dos Alemanias. «Barbara», un drama romántico ambientado en una ciudad de provincia de la RDA a principios de los ochenta, explora la realidad cotidiana en un hospital adonde llega castigada una médica que quiere emigrar. La ambientación, incluida la inesperada vuelta de tuerca final, saca excelente partido de situaciones similares a «Good-bye, Lenin!» y «La vida de los otros».

Dos realizadores jóvenes, el greco-colombiano Spiros Stathoulopoulos y el portugués Miguel Gomes proveyeron un refrescante brochazo experimental. En «Meteora», Stathoulopoulos (alumno de una escuela de cine californiana) cuenta una historia de amor recurriendo audazmente los conceptos griegos de «eros» y «agape». Ambienta el enamoramiento de una monja y un monje en los famosos monasterios de Meteroa, construidos en la cima de inexpugnables promontorios, pero hace progresar la acción a través de íconos animados. Combinando dos registros narrativos -uno realista, el otro altamente estilizado e imaginativo- el director saca la historia del nivel puramente humano (ecos de «Zorba el griego») para darle un dimensión teológica. La belleza y originalidad del trabajo de animacion, realizado en Alemania, merece destacarse con un premio.

Gomes ofrece en «Tabú», rodada en blanco y negro, una historia inicialmente absurda, que parece mal contada y actuada. Dividida en dos partes, aludiendo al Paraíso Terrenal y al filme homónimo de Murnau -la primera prove las claves inquietantes que iluminarán la segunda: una historia de amor contada en flashback sólo con sonido ambiente y un narrador que describe los años sesenta en Mozambique con una óptica entre surrealista y romantica, términos contradictorios si los hay. «Tabú» decontruye con humor e ironía los mecanismos del relato cinematográfico, específicamente el drama romántico con ribetes de «Casablanca». Resultó una bocanada de aire fresco.

Una observación final sobre dos excelentes retratos de familia, la suiza «Lenfant den haut» (Sister, en su versión inglesa), dirigida por Ursula Meier, y la alemana «Home for the Weekend», de Hans-Christian Schmid. En ambos casos, el examen microscópico de dinámicas familiares conflictivas se abre a finales de cautelosa redención. Es interesante también observar que la geografía -el pie y la cima de la montaña en la suiza, el bosque en la alemana- se utiliza con caracter simbólico, para describir una estructura social en la primera, y las confusions del alma en la segunda. Lo notable es que ambos espacios simbólicos forman parte integral del drama.

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