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La Fura vuelve al Colón con “Edipo”
El catalán Álex Ollé y la argentina Valentina Carrasco, de La Fura del Baus, responsables de la puesta en escena de «Edipo» de George Enesco en el teatro Colón.
Periodista: ¿Cómo era la relación de cada uno con la ópera antes de abordar como creadores el género lírico?
Valentina Carrasco: Yo solía venir al Colón cuando era chica, y desde que una vez mi mamá me trajo a ver «Pedro y el lobo», y pese a que no tengo músicos en mi familia, siempre me quedó ese interés por la música, estudié violín, piano, música, y toda la vida vine al «gallinero», me veía todo allá arriba.
Álex Ollé: Yo nada, nunca había ido a la ópera.
P.: ¿Y tenía prejuicios respecto de ella?
A. O.: Sí, yo venía del teatro, de algo más de vanguardia, alternativo, entonces el mundo de la ópera era visto como una cosa más conservadora, pese a que ya había cosas arriesgadas e interesantes. Era una cuestión de poca cultura en el aspecto operístico, ni por familia ni por venir del teatro yo había franqueado esa barrera.
P.: ¿Cómo enfrentan a la hora de un planteo escénico los condicionamientos propios de la ópera?
A. O.: Hay un universo, sobre todo en el aspecto visual, que La Fura mantiene desde su fundación, pero hay sin duda condicionantes que no hay en un espectáculo ciento por ciento Fura, donde se partía desde cero, se creaba un guión y había un trabajo colectivo, sin tener que atenerse a un libreto y una música. Después la propuesta visual puede variar de blanco a negro.
V. C.: En una obra de teatro el horizonte está mucho más abierto, en cambio en una ópera hay una dramaturgia más definida, además de que hay «barreras» de cuestiones técnicas musicales, un cantante tiene que hacer determinadas cosas y se lo tiene que oír, hay reglas que mal que mal hay que seguir sobre todo porque si no va en contra del propio espectáculo. Implica un desafío crear un efecto, que en obra de teatro es más fácil porque se puede hacer como uno quiere, con la misma potencia pero con más barreras.
A. O.: Y al existir eso hay un trabajo de análisis también, cosa que no existe cuando uno parte de cero.
P.: ¿Cómo encararon el «Edipo» que se verá en el Colón?
A. O.: Lo primero fue buscar una idea que pudiera articular todo, apareció lo más simple, que es la reflexión sobre qué significa un clásico, y es algo que contiene unos conceptos capaces de perdurar en el tiempo, que puede inspirar una reflexión en cualquier momento, que no son puntuales de un momento histórico, y se buscó esa idea de ensamblaje entre el tiempo histórico y el tiempo físico, no en el sentido de hacer un viaje de máquina del tiempo, pero sí colocar la dramaturgia en diferentes momentos, dependiendo del significado de cada escena. Comienza con esa especie de friso, de cantata escénica, donde se cuenta el destino impuesto a Edipo, la segunda de él con Mérope es una escena como de psicoanálisis entre un hijo y su madre que no es su madre, y así sucesivamente, aunque no hay una cosa didáctica destinada a que el público entienda. Con una idea de cambio de cuerpo que no altera ni la comprensión de la obra ni la línea argumental del libreto.
V.C.: Además son pinceladas, elementos, vestuario.
A. O.: Hay un elemento que inunda la escenografía, el barro como idea del destino, primero porque el barro es el elemento del que se dice que hombre está configurado, pero también la idea parte de esta catástrofe que hubo en Hungría hace unos años, cuando una balsa de lodo tóxico de color rojizo se desbordó, inundó campos, pueblos. En el tercer acto, que es la peste, también juega ese barro, con un toque futurista, con plásticos como si hubiera algo radiactivo. No es un choque para la gente porque hay una unidad en el color y lo dramatúrgico que hace que se pueda seguir perfectamente la línea narrativa de la historia.
V.C.: En esta ópera se muestran en escena cosas que en las tragedias sólo están referidas. Edipo no está tomado como un papel dentro de una tragedia, el del héroe, sino como un ser humano, con sus dudas, tribulaciones, nostalgias, penas. En el planteo del «Edipo» de Enesco se parte del hombre, lo cual es una reflexión bastante propia del siglo XX, al contrario de los griegos, que no parten de los hombres sino de los dioses. En la ópera Edipo dice «Mi crimen no ha sido matar a mi padre y casarme con mi madre, eso no lo he podido evitar. Mi crimen ha sido querer evitar todo el tiempo mi destino y negarlo, en vez de afrontarlo y asumirlo», y al tomar conciencia de eso se purifica y va redimido hacia su muerte.
Entrevista de Margarita Pollini


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