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La izquierda y un desafío histórico

Atentos a ese fenómeno, el Partido Obrero de Jorge Altamira, el Partido de los Trabajadores Socialistas y otras versiones, sindicales, autoconvocadas y silvestres de ese origen ideológico, acordaron conformar una alianza que eligió como marca electoral el nombre Frente de la Izquierda y los Trabajadores (FIT).
La fórmula presidencial la comparte Altamira, del PO y Cristian «Chipi» Castillo del PTS. En otras construcciones quedaron el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) -aliados de Proyecto Sur-, el PC de Patricio Etchegaray -se asoció a Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella- y, con expresiones menores, el Movimiento al Socialismo.
Esa atomización, repetida a lo largo de las elecciones, sienta un mal precedente para el PO que jamás pudo superar, siquiera, el 1% de los votos. Para llegar a la general de octubre, debe obtener este domingo más del 1,5% de los votos válidos que, sobre una concurrencia del 70% del padrón, equivale a 300 mil votos.
Sin embargo, la mejor captura fue en 2003, con 0,74 y 140 mil votos. Si se suma lo que, por separado, consiguieron en 2007 el PO, con Néstor Pitrola como candidato, 116 mil, y los 84 mil de la alianza entre el PTS, el MAS e Izquierda Socialista, están un poco más cerca: con muy baja asistencia, 200 mil votos podrían bastarle para pasar el filtro de la primaria.
Para atrás, la sumatoria ofrece variantes más bajas: en 1999, Altamira sumó 114 mil y Montes, del PTS, 44 mil. En el 95, el PO 32 mil y el PTS 27.500. En el 89, Altamira -candidato recurrente- cosechó 46.300. Y en el 83, Flores del PO logró 13 mil votos, apenas el 0,09% de los emitidos.
Estuvo, siempre, por debajo de la alianza fluctuante Izquierda Unida, que supo reunir al MTS, el MAS y a veces al PC. Por otro lado, interactuaron también los humanistas, que esta vez integran el Frente para la Victoria (FpV).


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