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“La literatura se adapta mejor al ser humano que la filosofía”
Jean-Marie Schaeffer: “Si el arte juega un rol tan importante es porque opera a través de las emociones, y la emoción es una manera de conocer”.
Periodista: ¿Eligió como desafío enfrentar prejuicios?
Jean-Marie Schaeffer: Una de las motivaciones para optar por la filosofía , cuando se es joven, es la convicción de que los planteos más expandidos no son ni los más deseables ni los más ajustados a la verdad, que las ideas en las que más se cree no son las más precisas, ni las más ciertas. Hay entonces una profunda atracción, para algunos, de asumir posiciones críticas y tomar distancia, respecto de esas hipótesis filosóficas.
P.: Eso es claro cuando usted plantea la idea de la excepcionalidad humana, y lleva a preguntarse cómo esa idea puede sobrevivir, después, de Darwin y de Freud.
J.-M.S.: Ese modo de ver a la humanidad que es la excepción humana tiene dificultades de sobrevivir por dos razones. Una es por entrar en conflicto con los conocimientos que se han logrado desde hace dos siglos, sobre todo con Darwin, pero también con Freud, donde se han acumulado tantas evidencias contra la tesis de que los seres humanos somos una excepción en la naturaleza, que es muy difícil de sostenerla aún, por lo menos, de manera seriamente argumentada. Pero resulta que es una tesis que tiene algo de fe, de creencia, y no se puede refutar racionalmente una creencia. Ese es el segundo aspecto, y considerando la situación actual de las Ciencias Humanas, y de la realidad mundial, se trata de una crencia y de una fe que se ha vuelto peligrosa.
P.: Algo que en el siglo XX confirmaron el nazismo con la Shoá, el comunismo con los gulags, diversas dictaduras y fundamentalismos.
J.-M.S.: Los horrores del siglo XX fueron una desmentida muy terrible de que seríamos superiores al resto de los seres vivos. No conocemos ninguna especie que haya practicado la masacre de sus congéneres a una escala tan enorme. Hay un segundo aspecto que merece ser considerado. Estamos tan seguros de nosotros mismos, de la superioridad de lo humano, que no tomamos conciencia de que nuestra autoafirmación, sobre todo la tecnológica, nos conduce a correr el riesgo de destruirnos a nosotros mismos. Si no tomamos conciencia del hecho de que dependemos del conjunto de formas de vida que hay en la Tierra vamos a destruirnos. Así como otras especies han desaparecido, podemos hacerlo nosotros.
P.: La tecnología, según usted señala, nos está arrojando a un universo virtual, pleno de ficciones que nos hace vivir en un simulacro, en un mundo artificial, lejano de lo real.
J.-M.S.: La ficción ha jugado durante la mayor parte de la historia un rol muy positivo, porque nos permite imaginar posibilidades, deseables o no, que nos posibilitan tomar decisiones habiendo recorrido alternativas sin haber tenido que llevarlas a la realidad, y eso nos ayuda a controlar situaciones, posibilidades, proyectos. Pero, a la vez, la ficción es una actividad ambivalente, porque implica una actividad de simulación, de hacer como si, y eso lleva a los vínculos entre ficción y engaño, supone el gran problema de dónde está el límite, de entrar tanto en el mundo de la ficción que se pierda la conciencia de que es una ficción. En esa medida la ficción puede convertirse en un modo de huir de la realidad. Nos puede hacer tomar como verdadero lo que es un simulacro. Como todas las creaciones humanas, las nuevas tecnologías puede ser algo positivo o constituirse en un peligro.
P.: William Faulkner dijo que la literatura es un fósforo encendido en medio de la noche, ilumina poco pero hace saber la inmensidad de la oscuridad.
J-M.S.: Es un buen comienzo para reflexionar sobre la diferencia entre literatura y filosofía. La literatura siempre fue consciente de que era una lucesita que resalta la oscuridad que la rodea. En tanto que la filosofía occidental tuvo como objetivo, desde la antigüedad griega, iluminarlo todo. Son dos maneras, muy diferentes, de situarse frente al enigma de la vida. La posición de la literatura está mejor adaptada a los seres humanos que la filosofía, que busca adoptar un punto de vista divino, omnisciente de la realidad.
P.: ¿No cree que los antiguos griegos buscaron instalar ese modo de iluminar la realidad a través del teatro?
J.-M.S..: En ese teatro griego vemos hasta qué punto la elección entre literatura y filosofía resultaba un lugar de combate. Platón, desvalorizó ese modo de conocimiento, para él el teatro no era conocimiento, sino un peligro para la ciudad, y había que sacarse eso de encima; en cambio, Aristóteles reconoció que había un modo de conocimiento específico de la tragedia, de la literatura en general, que no podía ser reemplazado por otro conocimiento, porque sólo a través de él se podía responder a preguntas sobre la existencia, sobre el destino. Es un modo de conocer irremplazable.
P.: Usted plantea que no hay diferencia de valor entre una ópera un rock, entre una novela y un cómic, entre un film de arte y una telenovela.
J.-M.S.: Una de las grandes dificultades que tienen los estudios consagrados a las artes es que pretenden tener una significación social, y peso en la vida, se debe a que por razones históricas la mayor parte de los que se interesan en el arte separan lo que consideran el arte elevado y lo que consideran un divertimento circunstancial, formas menores, algo que no pertenece al arte. Pero resulta que tenemos un solo cerebro, que nos permite comprender a la vez, y apreciar, tanto la tragedia como la comedia. la música de Beethoven y el hard rock , o cualquier otra música. La misma mente, busca cosas que se pueden emparentar.. pero no todo conviene en el mismo momento. Hay horas para Bach y para Curt Cobain. Creo que es desconocer nuestra vida, o tener mala fe eso, pensar que sólo podemos vivir con una parte de lo que apreciamos, porque todo ese variado campo es un conjunto. En el caso de la música sabemos de sobra que muchos grandes compositores se han inspirado y han nutrido su arte en fuentes populares. Y en el último siglo, más que nunca, los artistas populares se han nutrido de las creaciones de grandes compositores. Los artistas han sabido , antes y mejor que los críticos, dónde ir en busca de esas fuentes de inspiración.
P.: ¿Una manera de descubrir valores estéticos es a través de los placeres que provoca?
J.-M.S.: No sólo es una de las maneras de conocer y desarrollar valores, es la única. Mientras los valores no están encarnados en afectos hacia o en contra de, mientras son conceptos abstractos, no orientan nuestra vida. Si el arte juega un rol tan importante. es porque opera a través de las emociones, y la emoción es una manera de conocer.
P.: En un mundo a la vez globalizado y de individuos cada vez más solitarios, sólo unidos a través de redes, y espacios virtuales, ¿ cuál es el destino?
J.M.S.: No soy Nostradamus [risas]. Si se observa la situación con una mirada de antropólogo se constata que lo que está desapareciendo son las comunidades intermedias de dimensión humana entre el individuo y esa gran masa que es la humanidad. No hemos encontrado el medio de reemplazar las comunidades locales que se están disgregando y desapareciendo. Las naciones están desapareciendo en Europa, sin que ésta se convierta en la casa que la gente habita. Muchos han perdido su casa y no hay una casa nueva, entonces, están atomizados, aislados.
P.: ¿Qué piensa del futuro del libro?
J.-M. S.: Tengo una posición ambivalente. Para el pensamiento y.la literatura, el libro como objeto es más que un objeto, es una manera de vivir la literatura y el pensamiento que no puede ser remplazado por una pantalla, por algo a lo que se accede tocando un botón. Lo que es importante en el libro es que demanda, exige, ir hacia eso que se quiere conocer, y eso obliga a preguntarse si eso vale o no la pena. Si uno tiene acceso a todo no hace falta ese trabajo., no es necesario preguntarse si eso vale la pena o no, si es lo que quiero encontrar o no, porque todo está al mismo nivel. Lleva a picotear por aquí y por allá. Desde el punto de vista práctico, para la investigación es formidable. Hoy cualquiera podría ser Pico de la Mirandola, siempre que tuviera su cerebro [risas].
P.: ¿A quiénes considera sus maestros?
J-M.S.: Pertenezco a una generación que pensaba que no tenía maestros. Seguramente, hay muchos modelos. En el ámbito filosófico, las ideas más fructíferas para mí son las de Wittgenstein , y en el problema de la existencia, Heidegger, que se sitúa en un lugar opuesto. En cuanto a las artes me importa el formalismo ruso de comienzos del siglo veinte y muchos pensadores del estructuralismo, y en antropología, Levy-Strauss. En literatura Gerard Genette, entre otros. Son modelos. Y por suerte, no estoy de acuerdo con Todorov.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
J.-M.S.: Un libro sobre la experiencia estética., algo. que es parte de la vida diaria y no se relaciona sólo con las obras de arte. Cada día tenemos experiencias estéticas. Momentos en que estamos atentos sin buscar algo preciso, simplemente con el placer de prestar atención a algo y la felicidad de un riqueza infinita de la vida que nos rodea, y eso nos pone en contacto con la realidad en su plenitud sin la intención de servirnos de ella con fines prácticos. Esa forma de maravillarse se da mediante una actividad mental muy poderosa, muy compleja, que al contemplar algo pequeño no produce un conocimiento particular, pero nos hace más sensibles a la riqueza de la vida y a nuestras posibilidades.
Entrevista de Máximo Soto


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