La autora rusófona que da voz a los testigos ignorados de las grandes tragedias soviéticas, como la Segunda Guerra Mundial, el conflicto afgano o la catástrofe de Chernobil, no siente ninguna nostalgia de esa época pero tampoco le satisface el presente. En Bielorrusia, donde reside parte del año, "la gente me abraza, quiere hacerse fotos conmigo" desde que fue galardonada con el Nobel el 8 de octubre. Pero para el presidente Alexandre Lukashenko "todo sigue como antes", lamenta la autora de "El fin del hombre rojo". "Lukashenko declaró en seguida que yo quería mancillar al pueblo ruso", dice, con voz pausada.
Rusia y Bielorrusia, ¿están condenadas a vivir bajo un régimen autoritario tras haber sufrido casi un siglo de comunismo? "No se está avanzando muy rápido", lamenta Alexievich, de 67 años. "En los años noventa, cuando lanzamos la Perestroika, esperábamos que la democracia se aplicara rápidamente", pero "fuimos románticos, ingenuos". "El hombre no puede ser libre tan rápidamente. Estaba en un campo y al día siguiente es libre. ¡No! Entendimos que eso tomaría su tiempo. Tendrá lugar, pero no rápidamente", prevé.
Entretanto, constata, el presidente ruso, Vladimir Putin, es adulado por una parte de la población rusa, sobre todo los jóvenes. Alexievich admite estar "asustada" por el "renacimiento del nacionalismo ruso". "Sabemos que todo nacionalismo lleva al fascismo. Es lo más peligroso. Y esperamos poderlo evitar. Pero es difícil prever acontecimientos", afirma.
La autora de "Voces de Chernobil", un libro de testimonios sobrecogedores sobre la catástrofe de la central nuclear, no está convencida de que la política de sanciones aplicada por los europeos desde la anexión de Crimea por parte de Moscú sea eficaz. "Viajé por Siberia y luego por Bielorrusia. Y me quedé sorprendida por el efecto producido por las sanciones", dice. "Golpean la economía y perjudican el poder de la dictadura. Pero por otro lado, ayudan a unir al pueblo alrededor de un líder, de un dictador", subraya.
Sobre su obra, Alexievich afirma que su vasto fresco soviético está terminado. La escritora dice haber iniciado un nuevo ciclo "consagrado al amor". Como los libros anteriores, se tratará de escuchar y transcribir centenares de testimonios anónimos. "Esto toma su tiempo", afirma, sonriendo. Tarda entre siete y diez años para escribir cada obra. Su editor francés, Michel Parfenov, que la conoce desde hace tiempo, se sorprende aún ahora de la facilidad con la que gente se confíe a ella de una forma increíblemente íntima.
| Agencia AFP |


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