30 de septiembre 2010 - 00:00

La nueva clase media, un bastión del lulismo

San Pablo - Supermercados, restoranes, bancos y tiendas de electrodomésticos se instalaron en las grandes favelas de Brasil y otros barrios populosos y periferias industriales, para competir por el mercado de la «nueva clase media» de 103 millones de personas, que logró ascenso social por el «boom» del crédito, el récord de empleo y el crecimiento de ocho años del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

La nueva clase media, llamada «clase C», está ubicada -para el sector de estadísticas del Gobierno y especialistas de la Fundación Getulio Vargas- en un lugar clave del «nuevo Brasil»: desde 2003, cuando asumió Lula da Silva, 35,7 millones de personas subieron de la clase baja a la nueva clase media y otros 28 millones de personas emergieron de situación de miseria para la clase más baja o «D».

La «clase C» pasó a abarcar el 50,5% de la población y está ubicada en favelas, barriadas populares de las periferias, en zonas urbanas céntricas y en el campo, con la agricultura familiar, que cuenta con electricidad y banda ancha.

La nueva clase media brasileña gana entre 1.200 reales (705 dólares) y 4.800 reales (2.823 dólares) por mes.

«El gran paso de Lula fue haber sido el gestor de un nuevo capitalismo, que antes se moría de miedo a la prosperidad y vinculaba el crecimiento con la inflación. Todavía hay un saldo de 11 millones de miserables que en los próximos años deben dejar esa condición», dijo el analista político Francisco Carlos Teixeira, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Lula da Silva saldrá del Gobierno el 31 de diciembre con casi 15 millones de empleos creados. Durante su gestión se duplicó el salario mínimo, y las ayudas sociales abarcaron a 11 millones de familias.

Marcelo Nery, principal investigador del país sobre la «nueva clase media», de la Fundación Getulio Vargas, sostuvo que «esta franja de la sociedad tiene un gran poder político y económico, pues posee el mayor poder de compra de la población».

Una clave del último envión de la consolidación de esa «clase C» es, según los especialistas, el desempeño de Brasil frente a la crisis mundial: el Gobierno redujo los impuestos en automóviles y línea blanca, comenzó el plan de viviendas y liberó el crédito popular. Los ingresos de la población subieron un 31,2%, contra el potencial de consumo, que fue del 22,6%.

«Está prosperando el lado trabajador más que el lado comprador, y las empresas deben estar contentas por el potencial que tiene esa clase social», según Nery.

Las favelas más urbanizadas de las grandes ciudades como Río de Janeiro y San Pablo son desde 2007 objetivo de estrategias de marketing de las compañías que quieren ganarse a la «clase C».

El banco privado Bradesco abrió agencias en la favela Rocinha, de Río, y en Heliópolis y Paraisópolis, de San Pablo. Además de cuentas y tarjetas de crédito, ofrece seguros por muerte accidental, un eufemismo para hablar de las «balas perdidas», el mayor temor de los habitantes de la favela.

Las cadenas de supermercados también se instalaron en las cercanías de las favelas, y la principal tienda de electrodomésticos del país, Casa Bahía, está presente desde mayo en Paraisópolis.

El Banco do Brasil, estatal, seguirá el camino del Bradesco en busca de los clientes en las favelas de Río que están bajo el control de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que lograron sacar a las milicias y a los narcotraficantes el control del morro.

«La nueva clase media es pragmática, apartidaria, resistente a lecturas forzadas de la realidad brasileña, no acostumbra a preocuparse por el pasado, por la dictadura, y tiene todo apostado al futuro, tanto en lo social como en lo económico, porque ambiciona la casa propia y la universidad para los hijos», sostuvo la socióloga Viviane Medeiros Chaia, columnista del diario O Globo.

El objetivo inmediato de este gran conglomerado que forma parte del 50,5% de la población brasileña es elegir al próximo presidente, el domingo. El siguiente, según una encuesta de la federación comercial de San Pablo, en términos de consumo, es comprar notebooks y netbooks para Navidad.

Agencia ANSA

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