21 de abril 2009 - 00:00

La obra de Anahí Roitman no excluye la idea del juego

«Enlatada», de la artista y arquitecta cordobesa Anahí Roitman, presentada dentro de la exposición «Magia» en la galería Agalma.arte.
«Enlatada», de la artista y arquitecta cordobesa Anahí Roitman, presentada dentro de la exposición «Magia» en la galería Agalma.arte.
«La idea de arte y el arte son una misma cosa. El arte existe por su propia búsqueda», señaló Joseph Kosuth. Un concepto que está vigente en «Magia», exposición que Anahí Roitman presenta en Agalma.arte (Libertad 1389). El conceptualismo fue una ruptura y también una síntesis basada en ideas y no en formas. Su antecedente directo fue el minimalimo y su gran teórico, el artista norteamericano Kosuth. Generó una revisión total del arte y sus funciones, hasta el punto de que, superada la etapa «clásica», a mediados de los 70, el conceptualismo se incorporó a la conciencia estética de todos los creadores de nuestro tiempo.

Pero mientras los estadounidenses y los ingleses agrupados en el «Grupo Art & Language» se abstuvieron de inmiscuirse en la realidad social, los latinoamericanos avanzaron sobre ese territorio y además se propusieron ahondar sus investigaciones acerca de la identidad cultural de la región. Kosuth sostuvo que el arte de la segunda mitad del siglo XX es un reconocimiento a la naturaleza conceptual de todo arte.

El conceptualismo inauguró el discurso artístico que ejemplificó las contradicciones de la Modernidad y desarrolló, a la vez, nuevos caminos para la indagación sobre el arte y sus funciones. Es evidente que, desde entonces, todo arte es ineludiblemente postconceptual.

Se reconoce en la postescultura y la postpintura desde los años 80, cuando comenzó a gestarse una nueva actitud artística, que hoy -más allá de diferencias formales evidentes - se manifiesta plenamente con el afianzamiento de la diversidad, la emergencia del «otro» y el eclecticismo, propio de la sociedad masmediática. La huella conceptualista se encuentra presente en la postpintura y las propuestas de Roitman, en sus experiencias con nuevos materiales y soportes, así como en sus instalaciones e intervenciones espaciales.

Entre sus trabajos de los últimos años, se destacan los collages de sus series «Viaje interior», «Escrituras» «Construyendo»; objetos e instalaciones espaciales en «Inter (Textual)», «Trama», pinceles encastrados, «Pentagrama», lápices y pinceles; «Las vueltas de la vida», collage sobre aluminio. La perspectiva conceptual que equipara al arte con otras producciones intelectuales como la lingüística, se reconoce en sus series «Narración», «Relatos» «Los senderos de la ficción». Toda idea de realidad es relativa a la época en que se formula.

Ya a comienzos del siglo XX, las teorías de la relatividad de Einstein (1906) señalaron la imposibilidad de postular un observador objetivo. El arte eliminó el punto de vista fijo del receptor y la intención de «reproducir» la realidad y se propuso que el espectador tomara conciencia de las condiciones de su recepción. Por eso, en las décadas del 60 y 70, frente al naturalismo de las esculturas hiperrealistas de John de Andrea y Duane Hanson, que presentaban la ambigüedad de lo real, el espectador se preguntaba sobre el carácter de su percepción. También en esos años, Gerhard Richter logra en sus fotografías pintadas, la concreción de la ilusión total y el efecto de una presencia real en el espacio.

Al referirse al arte de las últimas décadas el filósofo italiano Gianni Vattimo ha señalado «Ya no se tiende a que el arte quede suprimido en una futura sociedad revolucionaria; se intenta en cambio, de alguna manera, la experiencia inmediata del arte como hecho estético integral». En este sentido, uno de los criterios de valoración de la obra parece ser la capacidad que ella tenga de poner en tela de juicio su propia condición, ya en un nivel directo o de manera indirecta; por ejemplo, como ironización de los géneros o estilos.

«El ojo no es simplemente el centro de una perspectiva geométrica. El ojo es el proyector de una fuerza humana. Una potencia aclaradora subjetiva que realza las luces del mundo. (...) La belleza es a la vez un relieve del mundo contemplado y una elevación en la dignidad de ver», señaló Gastón Bachelard. En su serie «Construyendo», Roitman planteó composiciones con textos y color que semejan espacios urbanos.

«... organizar el espacio no es solamente construir estructuras, sino también cubrirlas, darles vida y, sobre todo, hacerles perder su materialidad, infundiéndoles espíritu por medio de la luz», sostuvo el arquitecto catalán Antonio Gaudí. Roitman logra una singular originalidad gracias a su formación integral como arquitecta y artista. Fue Schiller, el gran poeta alemán, quien a fines del XVIII advirtió sobre la decisiva función del impulso lúdico en la vida del hombre y en sus obras de arte, asumidas en su naturaleza fantástica, o sea, como generadoras de un nuevo pensamiento, una tercera realidad entre lo material y lo moral.

Estos postulados estéticos que aparecen en las obras de Roitman, son ejes y paradigma. El filósofo Hans Gadamer se refirió al elemento lúdico en el arte como una propuesta de reflexión: toda creación abre un espacio a completar, un continuo ser-activo-con. «Sólo habrá una recepción real, - ha dicho -, una experiencia artística con aquel que juega-con».

Esta asociación con el juego, como movimiento de ida y vuelta, se reconoce en las propuestas exhibidas en «Magia». «El lenguaje visual de Roitman se caracteriza por un juego de tensiones entre estructuras compositivas sólidas y una libertad absoluta en el uso del color. Sus imágenes nos transmiten armonía, a la vez, una sensación chispeante y lúdica», escribió la curadora Valeria González.

Roitman (1956), nació en Buenos Aires y actualmente reside en Córdoba. En 1982, se graduó como arquitecta. Estudió artes visuales con Ernesto Farina. Entre sus exposiciones se destacan las presentadas en Kunst Rai Art Fair, en Amsterdam (2000), Fundación Memorial de América Latina, Galería Marta Traba, San Pablo (2002), Feria Internacional de Cataluña.

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