7 de junio 2016 - 00:00

La ópera barroca vuelve hoy al Colón con “Dido y Eneas”

Christopher Moulds: “Esta producción se ha visto en muchas ciudades. Y cada vez tuvo una atmósfera diferente. Me despierta curiosidad cómo la recibirá el Colón”.
Christopher Moulds: “Esta producción se ha visto en muchas ciudades. Y cada vez tuvo una atmósfera diferente. Me despierta curiosidad cómo la recibirá el Colón”.
Luego de 15 años de ausencia, la ópera barroca vuelve hoy al Teatro Colón. El título elegido, "Dido y Eneas", de Henry Purcell, uno de los más famosos de este período, refuerza su atractivo en una producción que lleva la firma de la coreógrafa Sasha Waltz. El británico Christopher Moulds estará al frente de la Akademie für Alte Musik y el Coro Vocalconsort, ambos de Berlín, y un elenco encabezado por los cantantes Aurore Ugolin (Dido), Reuben Willcox (Eneas) y Deborah York (Belinda), con bailarines que funcionan como sus dobles coreográficos: Yael Schnell, Michal Mualemn, Virgis Puodziunas y Sasa Queliz. La producción se presenta en cinco funciones: hoy, mañana, viernes 10 y sábado 11 de junio a las 20 y el domingo 12 a las 17. Dialogamos con Moulds, en su debut local:

Periodista: Esta versión tiene la particularidad de incluir el prólogo.

Christopher Moulds
: Usamos música de Purcell en la reconstrucción de Atilio Cremonesi, quien dirigió esta versión cuando fue vista por primera vez, en 2005. En esta versión se une muy bien a la ópera, muestra a los personajes y las ideas de lo que se va a ver. Se sabe que había un prólogo pero la música nunca fue encontrada. Aquí tocamos diferentes chaconas, pero otras personas tienen teorías diferentes sobre qué música utilizar. En la reconstrucción de Cremonesi el prólogo dura unos quince minutos, e introduce al público en ese mundo sonoro de manera muy inteligente.

P.: ¿Qué significa para usted debutar aquí con una obra tan emblemática de la música barroca inglesa?

C.M.:
Es curioso, porque esta producción se ha visto en muchas ciudades. Y cada vez tuvo una atmósfera diferente. Es innegable que no es una "obra inglesa", porque la influencia francesa en ella está clarísima, pero los ingleses tenemos tan pocas óperas que nos aferramos a lo que existe: es una obra maestra que es totalmente nuestra. Y sí, lo es, pero me despierta curiosidad saber cómo va a recibir la producción el público de aquí, en un teatro como éste. Volviendo a la pregunta, el lenguaje del texto es inglés, pero la música no lo es tanto. De todas maneras, hoy en día, gracias a Spotify, Youtube, etcétera, mucha gente hoy puede absorber las ideas mucho más rápido.

P.: ¿Cuál imagina que puede haber sido la reacción del público en el estreno de esta obra, en la década de 1680?

C.M.:
Creo que la gente debe haberse sentido conmovida por su belleza, y eso se puede recrear. Creo que pueden haber sentido extraños algunos acordes, pero también eso tiene que haberlos atraído, como sigue atrayendo al público de hoy aunque no tenga educación musical. Pero más allá de eso la melodía y la armonía son muy sencillas en su esencia, y luego giran hacia algo más complejo, y creo que eso es lo que atrae tanto a músicos como a personas que no lo son y las interpela directamente. Espero que eso suceda con el público aquí.

P.: ¿Cómo llegó a especializarse en la música de los siglos XVII y XVIII?

C. M.:
Cuando completaba mi formación musical era maestro interno en la English National Opera, y me encantaba tocar de todo: "Evgeny Onegin" por la mañana, "Ariodante" por la tarde, Richard Strauss después... me encantaba manejar elementos diferentes de todas las grandes óperas. Después dirigí "Tosca", "Aida", "Butterfly", todas esas obras fantásticas. Más tarde terminé en Munich y me aboqué más al barroco, por eso algunas personas creen que rompí con el resto del repertorio. Me gusta transitar toda la música, pero me encantan la música barroca y la música del clasicismo.

P.: ¿De qué manera entonces lo ayuda toda esa formación y experiencia de otras músicas en el abordaje del barroco y el clasicismo?

C. M.:
Es un repertorio que exige abrir los oídos de otra manera, en especial en lo que se refiere a la afinación. También hay una cuestión en la longitud de las estructuras, porque en el barroco no es común tener un movimiento de 35 minutos: la música viene en unidades pequeñas que se asocian en unidades más largas. En lo que respecta a la audición, nosotros podemos escuchar la música de los siglos anteriores, pero la gente del siglo XIX no podía escuchar la del siglo XX. Nosotros podemos ser retrospectivos, pero nadie puede aprender de algo que aún no existe. Por eso es tan difícil lograr que el público tenga los oídos frescos: porque escuchan Wagner cuando escuchan Beethoven, y escuchan Beethoven cuando escuchan Haydn, y escuchan Haydn cuando escuchan HTMndel, y así sucesivamente. Es muy difícil presentarles algo "fresco" sin sonar "pasado de moda" para algunos. Pero tampoco está escrito qué grado de compromiso debe tener el público. Pienso que podemos llevarle la música a la gente sin que necesariamente haya un compromiso: podemos resaltar algunas cosas, como hace un actor en televisión de forma distinta a como lo haría en el teatro. Hay que transmitir al público exactamente lo que hay en el texto, pero la forma en que eso se puede hacer varía según el ámbito y el repertorio.

Entrevista de Margarita Pollini

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