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La presión mundial dista de asegurar el fin del régimen
Bashar al Asad, en una foto reciente durante una recorrida por la ciudad de Homs, devastada por la represión de su Ejército. Conserva una base de apoyo social, lo que lo ayudará a soportar sanciones internacionales.
¿Es éste el destino que le espera a Siria con Bashar al Asad?
En Irak, Sadam Husein resistió doce años en el poder luego de su derrota en la Guerra del Golfo en 1991, hasta que una invasión liderada por Estados Unidos desató un caos y matanzas que aún no le permiten recuperarse a pesar de todo su petróleo.
Las trayectorias de los dos líderes del partido Baas están lejos de ser iguales, pero la prolongada supervivencia de Sadam es una advertencia para el que crea que Al Asad va a caer simplemente porque alienó a Occidente y a sus aliados árabes o porque se ganó el odio de incontables sirios, incluyendo quizás una gran parte de la mayoría musulmana sunita.
El cese del fuego propuesto por Kofi Annan puede calmar temporalmente un conflicto que ya costó más de 9.000 vidas, pero es difícil ver un punto en común entre la secta minoritaria alauita que gobierna Siria y aquellos que están dispuestos a poner fin a sus cuatro décadas en el poder.
Después de tanta sangre, ahora ambos lados ven el conflicto como una lucha de vida o muerte en la cual no pueden retroceder, y Naciones Unidas carece del consenso internacional como para obligarlos a hacerlo.
El tiempo puede no estar del lado de Al Asad, pero mientras el presidente de 46 años resiste, las divisiones sectarias que él ha explotado podrían crecer al punto de desatar una guerra civil.
Por ahora, el líder sirio continúa atrincherado, aunque en un panorama devastado por el conflicto y una economía en ruinas en la cual su legitimidad y su reputación internacional han quedado destruidas.
Rusia y China siguen protegiendo a Al Asad de una acción en su contra en el Consejo de Seguridad de la ONU. Irán y su aliado libanés Hizbulá lo apoyan incondicionalmente, mientras que Líbano e Irak, gobernados por chiitas, ofrecen una apertura de sus fronteras para mitigar el impacto de las sanciones en su vecino.
«La economía está muy en rojo», dijo Jihad Yazigi, editor del boletín económico on line Syria Report. Los únicos eventos positivos fueron un alza en las exportaciones a Irak y una buena temporada de lluvias, aunque dos de las mejores áreas agrícolas sirias han sufrido severas interrupciones por la revuelta.
«La vida cotidiana es cada vez más dura», señaló Yazigi, sin predecir hasta qué punto esto podría afectar la perspectiva de un cambio político. Las sanciones tienen un historial irregular y las paralizantes medidas de la ONU contra Irak no lograron debilitar -y podrían haber reforzado- la posición de Sadam durante más de una década.
Sanciones y duras condiciones podrían perpetuar en forma similar el mandato de Al Asad.
«Si las clases medias emigran, entonces una población exhausta gobernada por un Estado que controle estrictamente el suministro de comida y combustible se parecería mucho al modelo de Sadam», dijo Chris Phillips, profesor de la Queen Mary University of London.
A pesar de las promesas de Arabia Saudita y Qatar de brindar armas y dinero, los desertores y civiles que tomaron las armas luego de la brutal represión de Al Asad contra las protestas pacíficas siguen aislados, mal entrenados y mal equipados.
El comodín podría ser Turquía. Luego de pasar de la amistad a la hostilidad con Al Asad, los turcos recibieron a 25.000 refugiados sirios. Y cuando soldados sirios dispararon a través de la frontera esta semana, el primer ministro Tayyip Erdogan reafirmó su derecho a pedir a sus socios de la OTAN que lo ayuden a defenderse.
Phillips dijo que el espectro de una intervención militar turca podría alarmar más a Al Asad que cualquier otro esfuerzo de los países árabes del Golfo por enviar armas a los dispersos grupos insurgentes.
Armar a los grupos opositores podría acelerar el descenso de Siria hacia una guerra civil, pero difícilmente inclinaría la balanza militar en contra de Al Asad. En Libia, el año pasado, fueron los aviones de guerra de la OTAN, no las armas rebeldes, los que decidieron la suerte de Muamar Gadafi.
«Pero si Turquía lanzara algún asalto frontal usando poderío aéreo contra bases militares sirias, Bashar podría temer que su propio Ejército se le vuelva en contra y diga: Esto nos va a destruir, es hora de que te vayas», afirmó Phillips.
Agencia Reuters


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