10 de abril 2019 - 00:00

La resiliencia del dueño inoxidable de la política del Estado judío

El conservador probablemente será inculpado por corrupción y deberá recostarse en partidos más extremos, pero podría mantener su preeminencia. Hoy se conocerán los resultados finales.

FESTEJO. Bibi Netanyahu, anoche, en medio de confetti, junto a su esposa Sara. Confía en que el escrutinio final le dé el triunfo y le permita seguir en el poder.
FESTEJO. "Bibi" Netanyahu, anoche, en medio de "confetti", junto a su esposa Sara. Confía en que el escrutinio final le dé el triunfo y le permita seguir en el poder.

Jerusalén - Con el mismo orgullo de siempre y su rutilante estilo, el primer ministro Benjamín Netanyahu libró en la campaña electoral que culminó en los comicios de ayer una nueva y decisiva batalla, haciendo gala de la fortaleza y el carisma que le han permitido superar hasta ahora las situaciones más difíciles.

Netanyahu, de 69 años con 13 al frente del Gobierno, parecía al cierre de esta edición más cerca que su rival, Benny Gantz, de ganar y acceder a un quinto mandato como primer ministro. Si lo consigue, a mediados de julio batirá el récord de longevidad en el poder de David Ben Gurión.

Sus éxitos diplomáticos, su imagen de mejor garante de la seguridad de un país enfrentado a múltiples amenazas y el crecimiento económico dejaron durante muchos años poco espacio a sus rivales.

Sin embargo, este año los sondeos lo pusieron a lo largo de la campaña frente a una elección reñida, algo que se confirmaba anoche con el virtual empate en bancas con el general Gantz, exjefe de Estado Mayor y líder de una lista de centro-derecha que lo puso en jaque reprochándole su “adicción a los placeres del poder”. En tanto, electores y analistas saben que Netanyahu, forme Gobierno o no finalmente, será probablemente imputado por corrupción.

Adorado u odiado, “Bibi”, como lo llaman todos los israelíes, ha demostrado a lo largo de su carrera política su formidable capacidad para enfrentar las situaciones adversas.

Netanyahu fue el primer ministro más joven de la historia de Israel, cuando dirigió el Gobierno por primera vez entre 1996 y 1999.

En 2009 volvió al cargo de primer ministro, tras haber ocupado varios puestos ministeriales en las administraciones de Ariel Sharon.

Esta permanencia en el poder causa admiración más allá de simpatías o antipatías.

“Cuando pierda Bibi, habrá momentos en que Israel lamentará no tener un líder de estatura internacional, reconocido por todo el mundo, al cual -guste o no guste- todos presten atención cuando toma la palabra”, escribió recientemente el diario Haaretz, de centro-izquierda y que no oculta su hostilidad hacia Netanyahu.

Nieto de un rabino e hijo de un historiador ultrasionista, Netanyahu nació el 21 de octubre de 1949 en Tel Aviv. Pasó parte de su infancia en Estados Unidos y estudió en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT).

A su regreso a Israel, sirvió cinco años en una unidad de las fuerzas especiales, resultando herido en 1972 en una operación de rescate de rehenes en un avión desviado por palestinos.

Netanyahu evoca a menudo la muerte de su hermano Yoni en la operación israelí para rescatar rehenes de otro vuelo, en el aeropuerto de Entebbe, Uganda.

A comienzos de los años 80 comenzó su carrera política bajo el padrinazgo de Moshe Arens del partido Likud (derecha), que lo nombró en la embajada israelí en Estados Unidos y luego embajador ante la ONU.

En 1988 fue electo diputado por primera vez y en 1996 accedió al cargo de primer ministro.

En los últimos años, Netanyahu designó a Irán como el nuevo “Amalek”, el enemigo mortal de Israel, lo que le permitió desarrollar nuevas relaciones con los países árabes, en particular Arabia Saudita.

Se atribuye además el acceso de Israel al estatuto de potencia tecnológica mundial que sirve de “modelo para el resto del mundo”.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos le dio un nuevo impulso a sus ambiciones y en la campaña exhibió como trofeos personales el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén y el reconocimiento de la anexión de la meseta del Golán, capturada a Siria en 1967.

Agencia AFP

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