La jornada de descanso fue útil para tomarse un momento y tratar de responder dónde estamos parados. Lamentablemente y siendo honestos lo único que podemos decir es que no lo sabemos. De manera estricta el rally iniciado en mayo sigue vivo; tal vez la mejor prueba es la suba que experimentó ayer la mayor parte de las Bolsas del planeta e incluso los ADR norteamericanos en Londres y otras plazas (promediaron una mejora algo menor al 0,5%). Claro que un cínico achacaría esta suba al nuevo test nuclear de Corea del Norte (en 1871 el barón de Rotschild aconsejaba: "Compra cuando la sangre corra por las calles aun -esto no es tan conocido- cuando la sangre sea la tuya"). Es que la baja que experimentó el precio del petróleo a u$s 61 por barril, a pesar de que los guerrilleros habrían destruido uno de los principales oleoductos en Nigeria (operado por Chevron) y que entre mañana y pasado la OPEC anunciaría un nuevo recorte a la producción, no deja de dar cierta razón a quienes piensan que aún falta tiempo para que la economía comience a recuperarse. Pero no sería raro que en la merma de los commodities hubiese influido la leve suba que experimento el dólar. Quienes seguramente apoyan esta idea son a) Paul Krugman que espera que la producción industrial mundial y los PBI de Europa y Norteamérica comiencen a crecer en dos meses, y b) el presidente de la Reserva Federal de Dallas para quien no hay peligro en los precios en el mediano plazo.
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Uno de los mayores problemas para apoyar o rechazar la continuidad del rally es que el radio P/E del S&P500 paso de 13,1 en marzo a 15,5 en la ultima semana (data de R.Shiller, la más respetada en el mercado). Esto nos coloca dentro del promedio histórico, ni caro, ni barato. Esta semana viene "recargada", lo cual habla de extremos. Cuidado.
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