Como denuncia a los medios, «La muerte en vivo» es endeble, y tampoco se atreve a ir al fondo como comedia de humor negro.
«La muerte en vivo» («Live!», EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: Bill Guttentag Eva Mendes, David Krumholtz, Eric Lively, Katie Cassidy, Jeffrey Dean Morgan, Jay Hernandez.
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Una ascendente ejecutiva de TV tiene la fórmula perfecta para el próximo reality: un juego de ruleta rusa en vivo en el que seis participantes apostarán su vida por un premio de cinco millones de dólares. Hace 15 o 20 años esta premimsa hubiera resultado realmente chocante y original, pero a esta altura «La muerte en vivo» (sobre todo a la luz del reciente caso de Jane Goody, la participante del Gran Hermano inglés, aunque se tratara de una enfermedad terminal en su caso) apenas avanza un poco más sobre las taras de las TV moderna. Y la verdad es que no lo hace con mucha gracia.
Probablemente lo que no ayuda es la estructura y la ausencia de buenos gags del guión, tan obvio como el tema a narrar. El problema de la estructura es que adopta la forma de un falso documental sobre el proyecto «Live!» (tal el nombre del programa suicida), lo que no colabora a darle fuerza al aspecto principal que debería haberle interesado al director y guionista Bill Guttentag, el de la comicidad, ya que finalmente más allá de cualquier otra cosa esta es una comedia de humor negro.
El cinismo de los ejecutivos de TV que pergeñan el programa parece un tanto prefabricado, mientras que la inocencia de los participantes, con sus esquemáticas historias de vida que los llevan a tal drástica decisión, no se diferencia demasiado de la de cualquier programa del rubro. Lo mejor es la seducción que despliega a lo largo de toda la película la sexy Eva Mendes, en el papel de la ideóloga del programa del entretenimiento. Y el desenlace con el juego de ruleta rusa en sí mismo también genera cierto suspenso y morbo, aunque en la práctica funciona como otro de esos horribles reality shows, sólo que uno donde el espectador no puede hacer zapping.
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