8 de enero 2010 - 00:00

La seriedad no cotiza

La seriedad no cotiza
Nadie puede desentrañar, con argumentos sólidos, qué tipo de situación planteada en el contexto político y económico obtuvo respaldo a través del mercado bursátil. Si cuando el miércoles se produjo un derrumbe en precios -con alto volumen-, o en la rueda siguiente, donde se generó un repunte (con montos en retroceso).

Antiguamente, la Bolsa era termómetro y caja de resonancia de sucesos de importancia, asumiendo una posición al respecto. En época moderna, y ante su escasa magnitud de negocios, las inducciones han resultado moneda corriente. Se puede torcer el rumbo natural a través de operaciones de carteras oficiales, o de un concierto privado que vaya en línea con una posición. (Boudou lo mencionaba por la tarde, haciendo hincapié en «los mercados subiendo...»). Y no es causalidad el comentario. El súbito cambio de «ánimo» de los operadores, cuando el escenario era el mismo, no posee asidero dentro de los cánones racionales. Pero, así fueron las cosas, de un miércoles de alta tensión y bajas, a un jueves de singular «rebote». Con el exterior en la misma pasividad que venía, Dow con un 0,2% y Bovespa con baja del 0,17%, el Merval se movió un 1,14% en avance. El índice retornó a zona de los casi «2.400» puntos, con «45» alzas y sólo «17» descensos (proporción a la inversa del miércoles). Con volumen que cayó de $ 66 millones a solamente $ 44 millones de efectivo, esto no se compadece con la dirección de los precios. Y marca lo forzado de la reacción inmediata, tan poco esperable ante las circunstancias. Sirvió para que se pudieran hacer buenas diferencias, en el ida y vuelta. Dos fechas que quedan en las sombras, entre lo natural y lo artificial. El lector elija. Y la Bolsa, sonrojada.

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