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La “Shica”: flamenco sin tregua ni límites
Elsa Rovayo, la «Shica», mezcla la copla y los palos flamencos con el pop, el rock, el punk, el rap y el hip-hop.
Si algo debería elogiársele a esta española es su espíritu de búsqueda. Nació en Ceuta (la España africana) en 1976 con el nombre de Elsa Rovayo. Fue bailaora flamenca y, como tal -ya instalada en Madrid- recorrió tablados de diferentes lugares de su país. Más adelante, supo que lo suyo sería centralmente el canto y la composición de canciones. Madura en su trabajo se lanzó a armar su proyecto propio, que bautizó «La Shica», lo que terminó siendo a la vez el nombre de un grupo y su propio seudónimo. Desde 2008 en que hizo su debut discográfico, ha editado «Trabajito de chinos» y «Supercop», en 2010. Y siempre se jugó por eso de mezclar la copla y los palos flamencos con el pop, el rock, el punk, el rap, el hip-hop.
Hace unos años estuvo en la Argentina presentando su primer disco, aunque su visita pasó inadvertida. Sin embargo, su relación con nuestro país se mantuvo, al punto que participó, junto a Tonolec, de la grabación de un tema en apoyo a la obra que lleva adelante Patricia Sosa con la etnia qom (toba en su nombre blanco). «Es la segunda vez que vengo por primera vez», bromeó la cantante frente a un teatro ND/Ateneo con menos gente de la deseada. Hay que pensar que la sobreabundancia de visitas extranjeras le jugó en contra, porque desde lo artístico, es una cantante que merecería otra atención.
Lo de este concierto, respaldada por un trío acústico -sin las bailaoras que suelen hacer parte de sus espectáculos en España- lo que hizo La Shica fue repasar piezas, propias o ajenas, incluidas en sus dos discos. Así, eligió canciones como «Si me das a elegir» de Los Changuitos, otras del repertorio de Isabel Pantoja -»Limosna de amores» y «Yo soy esa»-, y unas cuantas de su propia cosecha, seguramente las más atrevidas en su intención de romper con los moldes pero si abandonar jamás la referencia a la tradición. Para algún caso, se le sumó un guitarrista flamenco argentino. Y promediando el show invitó a compartir el escenario -en un set quizá demasiado largo- a los integrantes de Tonolec para compartir el folklore y la estética etnicista-pop de los argentinos.
No todo lo que hace es de antología. En muchos casos, se nota más la búsqueda que el hallazgo. A ratos, su personaje de «chica Almodóvar» algo demodé tiene un efecto caricaturesco. Pero es siempre simpática, corrosiva, incomodante, atrevida y coherente en sus intenciones. Por todo eso bien vale conocerla.


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