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La UIA con Alfonsín habló de inflación y atraso cambiario
El candidato Ricardo Alfonsín inauguró la ronda de reuniones de la UIA con figuras políticas. En la foto, el diputado con Adrián Kaufmann Brea (Arcor) a su izquierda. Enfrente, el presidente José Ignacio de Mendiguren y Luis Betnaza (Techint).
El radical, que almorzó ayer en la sede de la entidad, pidió «previsibilidad, valores, ética y dejar de mirar el corto plazo», pero también se definió a favor de «un desarrollo con inclusión social», una consigna que impulsa desde hace años el titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren. Según conversaciones que mantuvo este diario con varios de los comensales de ayer, Alfonsín dejó impresiones mezcladas entre los industriales: la mayoría se entusiasmó con sus definiciones y su discurso («es mentira que imita al padre», dijo una de las fuentes) pero una minoría lo definió como «poco sólido en sus argumentos y conocimientos de la economía».
El menú de ensalada caprese, bondiola con papas y zanahorias y helado con coulis de frutos rojos fue compartido -además del anfitrión Mendiguren y el candidato- por Luis Betnaza (Techint), Adrián Kaufmann Brea (Arcor), Juan Carlos Sacco (gráficos), Cristiano Rattazzi (Fiat) y Aldo Espósito (curtidores), entre otros. Alfonsín fue a la UIA con la sola compañía de su asesor económico Adrián Ramos, un ex CEPAL.
A diferencia de lo sucedido en las tres reuniones que mantuvo la actual conducción de la UIA con el Gobierno (con Cristina de Kirchner, la ministra de Industria, Débora Giorgi, y el titular de Economía, Amado Boudou), los dirigentes industriales se animaron a plantear temas como la inflación y la caída del consumo, que -según expresaron en ese almuerzo- ya viene verificándose desde hace un par de meses.
El diputado por la UCR -tras escuchar la preocupación de Mendiguren y Rattazzi- calificó a la inflación como «uno de los mayores problemas que tenemos». Habló también del «insostenible déficit fiscal y el atraso cambiario, que están afectando la competitividad de la industria», y remarcó que todo esto «crea un ambiente de incertidumbre que espanta la inversión».
También mencionó en el mismo rubro a «la gran distorsión que se produce con los subsidios y las tarifas» y -para alegría de los empresarios reunidos con él- se pronunció enfáticamente contra la denominada «ley Recalde» (participación de los gremios en el control de las empresas), la de «tercerización» y el vacío legal en materia de accidentes de trabajo.
En este punto uno de los dirigentes le preguntó qué iba a hacer con el movimiento sindical en caso de ser electo presidente, atento a las dificultades que había tenido su padre con los gremios durante toda su gestión. Alfonsín dijo que iba a tratar de acordar sin ceder. Otro empresario quiso saber por qué la opsición había tenido un desempeño tan opaco desde su triunfo en las elecciones legislativas, a lo que el candidato respondió que «si no hubiera estado la oposición las leyes que hubieran aprobado habrían sido mucho peores».
En varios tramos de la discusión política, de hecho, Alfonsín cedió la palabra a su economista de cabecer que -igual que su jefe- convenció a algunos y no convenció a los menos.
El titular de la Unión Industrial de La Plata, Francisco Gliemo, quiso saber hacia dónde marchaba el acuerdo con Francisco de Narváez, con quien el dirigente fabril había desayunado un par de horas antes. Alfonsín explicó que en las tres reuniones que había mantenido con De Narváez siempre habían hablado de hacer algo a nivel local, no nacional. El candidato agregó: «Quiero ser presidente, y para eso tengo que demostrar que tengo gente, programas y estructura, y que eso es coherente. Los acuerdos de cúpula no suman, restan».


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