17 de enero 2011 - 00:00

La ultraderecha francesa, ahora contra Europa

Marine Le Pen abraza a su padre, Jean-Marie. La ultraderecha xenófoba de Francia renovó su liderazgo en el congreso de Tours con los habituales ataques a los extranjeros y al sistema político tradicional. Pero esta vez hubo una novedad: las mayores diatribas se dirigieron a la construcción europea.
Marine Le Pen abraza a su padre, Jean-Marie. La ultraderecha xenófoba de Francia renovó su liderazgo en el congreso de Tours con los habituales ataques a los extranjeros y al sistema político tradicional. Pero esta vez hubo una novedad: las mayores diatribas se dirigieron a la construcción europea.
Tours - Marine Le Pen, nueva presidenta del partido ultraderechista francés Frente Nacional (FN), debutó ayer ante sus militantes con un discurso fiel a los principios de esta formación pero dirigido a ampliar su espectro de votantes.

Recién asumido el relevo de su padre, Jean-Marie Le Pen, que a los 82 años abandona el FN tras casi cuatro décadas de liderazgo, Marine Le Pen subrayó que a lo largo de los últimos años esta formación ha demostrado su madurez democrática y es ahora «un gran partido político republicano».

Antes de pasar a la defensa de la soberanía de Francia, le reconoció a su padre haber estado «a la altura de la historia» por la «nobleza, perseverancia y visión» con las que dirigió el Frente Nacional desde su creación, en 1972.

Marine Le Pen aseguró que en esta nueva etapa el FN será un partido «renovado, abierto, eficaz» y la «gran casa de todos los amantes de Francia», apertura con la que busca superar el revés sufrido en las legislativas de 2007 de cara a la próxima cita electoral dentro de un año.

Propósito

«Me propongo el objetivo de construir el instrumento más eficaz que haya en nuestra estrategia para conquistar el poder», dijo en el congreso clausurado ayer en la localidad de Tours, a unos 200 kilómetros de París.

De conseguir las presidenciales, anunció, emprenderá «un vasto paquete de reformas destinado a eliminar los privilegios y a aplicar una política fiscal y social eficaz y justa», así como a defender la «independencia y la soberanía de Francia».

Para Le Pen, restaurar la soberanía nacional «significa primero salir de la cortapisa asfixiante y destructora de Bruselas (la Unión Europea), que priva de todo margen de maniobra en sectores enteros de la acción política: la moneda, la legislación, el control de las fronteras, la gestión de la inmigración...».

«La soberanía es a la nación lo que la libertad al individuo», dijo la hija menor del histórico líder ultraderechista, para quien «el monstruo europeísta que se construye en Bruselas no es más que un conglomerado bajo protectorado norteamericano».

Convicción

Reiteró por ello su convicción profunda de que «el pueblo francés necesita más que nunca un Estado fuerte», en una época en la que según ella Francia vive «bajo la opresión del desorden».

No faltaron referencias al presidente francés, Nicolas Sarkozy, de quien dijo que «para ser respetado, el presidente de la República debe ser respetable», y no «el jefe de un clan o, como se ha visto, el agente de una cantante en decadencia, aunque ésta sea su mujer».

Marine Le Pen propuso a sus militantes y a la población francesa dirigirse hacia un «patriotismo económico y social», al considerar que «el sueño europeísta se ha transformado en pesadilla» y que el euro, «que debía aportar felicidad, ha destruido nuestra capacidad de compra».

No olvidó en su discurso a la inmigración y la religión, temas que en el pasado la lanzaron al centro de la polémica, por declaraciones como que los musulmanes protagonizan en partes del país una «ocupación» mediante sus oraciones en público en la calle.

Entre aplausos, banderas ondeando y un auditorio lleno, la presidenta describió a su partido como «la gran alternativa de 2012», cuando aspira a seducir al electorado de la derecha clásica.

Agencia EFE

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