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La vigencia de una artista de culto
Lejos de parecer «en retirada» (pese a sus chistes al respecto), a los 63 años, Rita Lee ofreció un show intenso con canciones de diferentes épocas muy bien interpretadas.
Rock & roll para gente adulta. Pop derivado directamente de la británica herencia «beatle» más que de las diferentes transformaciones sufridas por esta música en los Estados Unidos. La canción y sus letras como centro de la escena, como si fuera una cantautora, aunque la música (ritmo, intensidad, arreglos) tenga una fuerza propia de variantes más duras. Por allí podría explicarse lo que hace, a los 63 años, esta cantante que ha pasado con mucha gloria por la cultura popular de Brasil y que ha extendido su influencia fuera de su país.
Rita Lee Jones formó Os Mutantes en 1966. Y, desde entonces, desde hace mucho tiempo como solista, se ha movido en estos espacios bien diferenciados a los del samba, la bossa nova, la «tropicalia» o la «joven guardia», sin olvidarlos del todo; o sea que hizo un camino distinto, por ejemplo, al de figuras como Chico Buarque, Caetano Veloso, Gilberto Gil o Roberto Carlos. Y su influencia se está viendo tiempo después, en artistas más jóvenes que mezclan referencias diversas sin prejuicios de «tribus».
A esta altura de las cosas, Rita Lee es una artista casi de culto, aunque a lo largo de su show se escuchen varios de sus temas más populares: «Ovelha negra», «Banho de espuma», «Lança perfume», «Baila conmigo», etcétera. Como si estuviera de vuelta de todo, la cantante y compositora paulista -hija de padre norteamericano y de madre italiana- habla mucho con el público, hace bromas sobre su edad y sobre su aspecto cercano al de Ozzy Osbourne, se emociona al hablar de su esposo o su hijo (ambos guitarristas y presentes en la banda con la que vino a Buenos Aires) y de su nieta, se refiere a las «travesuras» de su pasado y a su madura modorra actual. Pero no es, ni mucho menos, una artista en retirada. Su show es potente, intenso, en una seguidilla de canciones de diferentes épocas, con una banda pop que la respalda eficientemente. Alguna vez, Rita Lee dedicó un álbum a sus admirados Beatles (de algún modo, siempre presentes), y esta vez, la cita-homenaje llegó con su excelente versión, más calma, más «cantada», de «Hard Days Night». Y también hubo una pieza de Michael Jackson, «Bad», que tuvo al bailarín/cantante/imitador Nikki Goulart como simpática figura invitada.


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