Ahora que Glen, ese honesto empleado bancario sospechoso del crimen ha muerto atropellado por un autobús, el objetivo de la Policía y del periodismo es la viuda, una expeluquera. Ella tiene que saber la verdad, algo sobre Bella, esa nena de dos años que, tres años atrás, fue secuestrada y posiblemente asesinada (el caso recuerda el de la inglesita Madeleine McCann, desaparecida en Portugal en 2007). Si bien Glen ha sido primariamente absuelto por la Justicia, todos los indicios llevan a él. Acosada por la prensa, la viuda cede a la supuesta ayuda de una periodista que dice querer resguardarla, y confía en el inspector que ha seguido el caso desde el principio. En capítulos breves, con una escritura periodística, simple y clara, la trama transcurre por cuatro narradores: la periodista, el policía, la madre de la víctima y la viuda, que es la única que habla en primera persona. Es un rompecabezas donde la imagen final va apareciendo de a poco, desafiando al lector a poner las fichas en el lugar que corresponde. "La viuda" forma parte de la oleada narrativa anglosajona denominada "domestic noir" y "grip lit", dos subgéneros del thriller que se pusieron de moda. La "grip lit" cataloga "novelas que enganchan", o sea las típicas de intriga y suspenso pero "escritas y protagonizadas por mujeres que rompen estereotipos" (nada nuevo si se piensa en las extraordinarias Patricia Highsmith o P.D. James). El "domestic noir" lleva a la novela lo que Hitchcock decía de la TV: "Ha devuelto el crimen a su origen: el hogar" (tampoco nada nuevo, es el centro clásico de buena parte de la mejor novela negra). El ámbito hogareño guarda secretos inconfesables, disfraza tortuosas psicologías, falsas cercanías y rencorosas distancias. La de Fiona Barton es una novela entretenida que se volvió best seller y le posibilitó abandonar el periodismo, su profesión hasta hace muy poco.
Máximo Soto
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