París - La industria del lujo no se ha salvado de los efectos devastadores de la crisis económica mundial, con un retroceso de las ventas, supresiones de empleos y nuevas aperturas de tiendas suspendidas, sobrepasan las proyecciones más pesimistas.
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Este escenario lúgubre quedará ilustrado, según las previsiones, con la publicación el 5 de febrero de los resultados anuales de Moët Hennessy Louis Vuitton (LVMH), líder mundial del lujo.
Los analistas prevén un crecimiento de sus ventas casi nulo durante 2008. Y, en cambio, la industria del lujo había confiado en mantenerse al margen de las turbulencias macroeconómicas escudándose en el poder adquisitivo elevado de sus clientes.
Después de muchos años de desarrollo ininterrumpido, la actividad de los fabricantes de marroquinería, perfumes, diseñadores de alta costura y joyeros ha sufrido desde los primeros meses de 2008 una clara ralentización que evolucionará hacia la «recesión» en 2009, según Marc-André Kamel, asociado del gabinete Bain & Company.
Cabe esperar una «lluvia de malas noticias en términos de consumo en el mercado del lujo», confirma Shamina Bhaidjy, de Natixies Securities.
Por ejemplo, las ventas de relojería caerán «más del 25%», afectando «sobre todo a la gama media y alta», según la casa Raymond James.
En conjunto, el mercado mundial del lujo debería retroceder, según Bain, entre un 5% y un 10% en 2009, si se mantienen constantes los tipos de cambio, superiores a la horquilla del -3% y el -7% previstos inicialmente. Los malos augurios ya se están confirmando: los productores de champán anunciaron un retroceso de sus ventas del 6% en los once primeros meses de 2008, la marca de joyería Cartier decretó tres meses de desempleo parcial para 180 asalariados y la casa Chanel prevé supresiones de puestos de trabajo.
El británico Burberry recortará 540 empleos y los grandes almacenes de lujo estadounidenses Saks, 1.100 empleos. Tiffany reducirá también su personal.
Hasta el británico Bentley (grupo Volkswagen), cuyos autos pueden costar hasta 260.000 euros, interrumpirá su producción durante seis o siete semanas.
El último anuncio, el del suizo Richemont, número dos mundial del lujo, que registró una caída del 12% de sus ventas, cayó como un jarro de agua fría. «No nos esperábamos una ralentización tan generalizada, en todas las ramas de actividad y en todas las regiones», reconocieron analistas del Deutsche Bank.
Richemont reducirá su producción y ralentizará el ritmo de nuevas aperturas de almacenes para hacer frente a la época de vacas flacas.
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