2 de marzo 2015 - 00:00

Las mujeres en el tango según Miriam Penela

Miriam Penela explota el humor involuntario de temas del repertorio de Rosita Quiroga, Ada Falcón o Libertad Lamarque, pero también se luce con clásicos como “Malena”.
Miriam Penela explota el humor involuntario de temas del repertorio de Rosita Quiroga, Ada Falcón o Libertad Lamarque, pero también se luce con clásicos como “Malena”.
"Muñeca brava". Idea, textos, dirección e interpretación: Mirian Penela. Piano: Hernán Valencia. (Sala 2, teatro La Comedia; todos los lunes).

La actriz y cantante Miriam Penela vive desde hace un par de décadas en Madrid. Pero de tanto en tanto, se da una vuelta por Buenos Aires, una ciudad de la que no ha perdido el acento, y presenta sus espectáculos que tienen que ver con el tango y con el humor.

En este "Muñeca brava" que viene ofreciendo con buena respuesta en la sala 2 del teatro de la Comedia (y que continuará por todo el mes próximo), la excusa es hablar de las mujeres. Rescata aquí personajes propios del género, sobre todo aquellos que fueron parte de las revistas y comedias musicales de las primeras décadas del siglo pasado: la chica de los suburbios, la casada frustrada, la discriminada por fea o por gorda, la solterona, la "loca". Y es notable cómo la mayoría de aquellas canciones, que integraran los repertorios de figuras como Carlos Gardel, Rosita Quiroga, Ada Falcón o Libertad Lamarque, entre otros, han virado a sarcásticas mirados un siglo después. Hoy suenan inverosímiles en parte (porque siempre algo queda) historias como las de "Arrabalera", "Mama, yo quiero un novio", "Los amores con la crisis", "Gorda", "Fea", "Flor de fango", "Julián", "Volvé, etc. Al menos, no habría autor que en la actualidad se atreviera a escribir esas letras sin ser tildado de discriminador, de tonto o de misógino, y hasta podría tener algún problema legal. El tiempo ha puesto su dosis de ternura y únicamente desde la risa aquellas palabras de principios del siglo XX pueden ser escuchadas por los oídos de este tiempo.

Penela maneja por igual sus dotes de cantante y de actriz. Se sabe reír de ella misma, de sus defectos, de sus debilidades, de sus miedos y sus ansiedades. Las canciones elegidas hacen buena parte del asunto con lo que comentábamos. Pero agrega algunos recursos teatrales de textos que sirven como hilván entre pieza y pieza y unos pocos elementos escenográficos y de vestuario que refuerzan el mensaje.

Con eso basta. La cantante demuestra que también puede apostar con solvencia a la veta "seria" cuando rescata un par de títulos que sí han atravesado muy bien el paso de los años, como "Malena" o "Muñeca brava".

Su pianista Hernán Valencia es un respetuoso acompañamiento instrumen-tal que sobresale únicamente en un solo cerca del final.

Todo, para un espectáculo que apunta sobre todo a un público maduro pero que puede servir casi como un libro de historia cultural para públicos más jóvenes.

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