13 de diciembre 2011 - 00:00

Las Salinas Grandes son un paisaje deslumbrante

Para llegar a las salinas se tiene que hacer un recorrido que le entrega inolvidables postales de lugares bellísimos como Purmamarca y la Quebrada de Humahuaca.
Para llegar a las salinas se tiene que hacer un recorrido que le entrega inolvidables postales de lugares bellísimos como Purmamarca y la Quebrada de Humahuaca.
Consideradas las terceras más grandes del mundo después del Salar de Uyuni, en Bolivia y el Salar de Arizaro, en Salta, las Salinas Grandes jujeñas brindan un espectáculo visual único. Para llegar a esta solitaria región se deben recorrer 60 km por la R.N. Nº 9 hasta el cruce de Purmamarca, para luego tomar la R.N. Nº 52 y transitar los 126 km finales por la Cuesta de Lipán al Abra de Potrerillo.

El viaje regala infinitas postales en diminutos poblados como Yala, León, Volcán, Tumbaya y el más conocido: Purmamarca. En la localidad de León comienza la Quebrada de Humahuaca. Este pueblito hoy tiene más de 500 habitantes aproximadamente, pero años atrás, cuando circulaba el tren, era un lugar con mucha actividad comercial. Luego se accede a Volcán, con sus yacimientos de cal que se encuentran por todo el sector. Arbustos como la tola y los primeros cardones se dejan ver a la altura de Los Penitentes.

En Tumbaya, a orillas del río Grande, se divisa la histórica iglesia del siglo XVI que conserva imágenes y piezas de orfebrería del Cuzco colonial.

Después de bordear la localidad de Purmamarca, hay que dirigirse en dirección a la Cuesta de Lipán, atravesando caseríos como Quisquira, Patacal y La Ciénaga. La cuesta es un serpenteante camino que asciende en espiral hasta los 4.140 m.s.n.m. Allí se puede observar la primera panorámica de las salinas.

Proceso

Al llegar a la inmensa planicie de sal, es posible contemplar la forma de extracción de ésta. La salina es un sedimento químico-evaporítico que a su vez se divide en tres tipos de zonas dentro del salar: la salina poligonal, las eflorescencias salinas y la limosa. Los obreros del lugar explican al turista el proceso para obtener sal lavada de los piletones, la sal del raspado y los panes de sal que se moldean con picos y hachas.

Un espectáculo irrepetible se vive en temporada de lluvias, cuando este inmenso mar de sal se cubre de 30 cm de agua produciendo un panorama de intenso color turquesa con vista al nevado de Chañi a sus espaldas y a la ruta que atraviesa por medio de ellas.

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