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Lavandera y Cuacci deleitaron con tango
Horacio Lavandera y Juan Esteban Cuacci, al término de su recital conjunto en el Teatro Colón
El ámbito imponente del Teatro Colón, los enormes instrumentos enfrentados y toda la ceremonia de saludos, entradas y salidas del escenario, parecen corresponder a un típico concierto de música clásica a dos pianos. Lo que se escuchará, en cambio y tal como ya había sucedido el año pasado en la Usina del Arte-, es un recital de tangos, de autores tradicionales o producto de la creación de uno de los protagonistas, responsable además del modo en que se tocan. Horacio Lavandera viene del mundo de la clásica. Juan Esteban Cuacci del popular, con el tango como centro pero con muchas incursiones hacia otros géneros. Uno usa partitura y hasta tiene un asistente que cambia las páginas sobre su atril. El otro, se vale solamente de la memoria y, quizá, en algunos pasajes también de la improvisación.
No es sencilla la empresa. Y no porque a estos dos músicos le falten herramientas técnicas, más allá de las particularidades de cada uno. Sino porque no siempre es sencillo hacer convivir esos dos mundos. Pero, claro; estamos hablando en un terreno de grandes sutilezas y no resulta tampoco sencillo para el cronista dar cuenta de ellas.
Donde conviven y logran lo mejor de una serie de nueve títulos más un bis- que entregan sin intervalo, es en el entusiasmo y la diversión que muestran al tocar. Lavandera pareció más relajado que en sus conciertos clásicos; y, sin solemnidades, Cuacci se puso a tono con el desafío y el entorno.
El concierto tuvo tres partes. Una inicial compartida, con los dos pianos sonando en simultáneo, en la que se escuchó "Danzarín" de Julián Plaza y "Loquedia I" de Cuacci, lo mejor de la noche. Después vinieron los sucesivos solos: Lavandera con "El día que me quieras" logrado- y "Adiós Nonino" y su compañero con "Azul noche" de Osvaldo Piro en un muy buen arreglo de Juan Alberto Pugliano- e "Invierno porteño". Finalmente, volvieron a juntarse para el final, con "Tema doce" y "Loquedia VII" de Cuacci, una muy buena versión de "A fuego lento" de Horacio Salgán como cierre y una intensa y muy festejada "La cumparsita" a modo de bis.
Para terminar, una observación sobre la organización. Con entrada gratuita, el Ministerio de Cultura de la ciudad dijo que se habían entregado todas las entradas. La sala, sin embargo, y sobre todo en las plateas y palcos balcón, tenía muchas butacas vacías. La causa probablemente haya estado en que esas ubicaciones quedaron guardadas para el sponsor que no logró colmar su reserva. Una pena, y algo a reconsiderar tratándose de un teatro público.


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