7 de mayo 2012 - 00:00

Le Guillerm oficia un espectáculo impar

Capaz de unir ciencia y arte, al francés Johann Le Guillerm puede considerárselo una especie de Leonardo contemporáneo.
Capaz de unir ciencia y arte, al francés Johann Le Guillerm puede considerárselo una especie de Leonardo contemporáneo.
El Festival Internacional de Circo de Buenos Aires, que en su cuarta edición recién parece estar adquiriendo la difusión que se merece, se inauguró el jueves con una apuesta riesgosa. La responsabilidad y los primeros elogios le pertenecen a Gabriela Ricardes, creadora y directora del Polo Circo (la carpa que está en Garay y Combate de los Pozos, con actividades todo el año, muchas de ellas gratuitas; un sitio que dicho sea de paso, ¿cuántos porteños conocen?) y la que elige, en persona, los espectáculos para el festival.

La propuesta de apertura se llama «Secret» y es el prodigioso despliegue de talento de un artista inclasificable, el francés Johann Le Guillerm, de quien puede decirse con toda tranquilidad que es una especie de Leonardo contemporáneo, capaz de unir ciencia y arte desde la creación de esas máquinas indescriptibles que utiliza en sus espectáculos y que son obras de arte por sí mismas. Por si falta otra prueba, ahí está «Monstration», la exposición que acompaña y complementa a «Secret», un lujo que hay que darse porque no es algo que se vaya a volver a ver ni a sentir en todo el cuerpo en mucho tiempo (se exhibe, gratis, en el Centro Municipal de Exposiciones).

En cuanto al espectáculo, aun quienes saben del «nuevo circo» y otras tendencias que hace rato vienen cambiando el concepto de circo tradicional, van a encontrar absolutamente distinto el ritual de Le Guillerm (en su propia carpa). Como suele pasar con lo que no se conoce, lo primero que provoca es desconcierto, empezando por el aspecto físico del oficiante que no se relaciona para nada con la idea de «hombre de circo». Le Guillerm juega primero con un avión de papel que él mismo hace a la vista de todos. Luego «doma» una barra de acero con una parsimonia que esa noche no abandonó, incluso, cuando en otro cuadro intentaba armar algo con unos tubos ayudado por dos asistentes (impecables también ellas). Al cabo de unos minutos cuando ya no hay dudas de que las cosas no están saliendo como debieran, el público se impacienta al punto de que uno de los invitados al estreno se levanta para consultar al ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi -en primera fila junto al embajador de Francia-, quien con toda evidencia no tiene respuestas. Pero finalmente ese algo queda armado, Le Guillerm completa el truco y se gana la primera ovación. Por extraño que parezca, el traspié y su resolución enriquecieron la performance de esa noche.

A partir de ahí el embeleso no se interrumpe más. Cada cuadro es una instalación en el sentido más acabado del término, por la perfecta interacción del artista con sus imposibles artefactos en algunos casos y, en otros, con las elaboradísimas construcciones-esculturas que realiza in situ con innumerables listones de madera. Estos últimos casi siempre terminan siendo desparramados por el piso, con violencia o con un sobrio, casi imperceptible, toquecito de humor según el caso. El cuadro final es una maravilla conceptual, visual y auditiva, que, como casi todo el resto, dispara en el espectador resonancias no solo literarias. Por supuesto, todo está condimentado con destrezas circenses, claro que destiladas hasta llegar a poner en escena la esencia de una disciplina que, por lo visto, ha resurgido de sus cenizas completamente transfigurada.

El Festival de Circo sigue con otros espectáculos internacionales (entre ellos, el sueco «UndermTM que, dicen, es otra cosa seria), y también nacionales que se pueden ver con entrada libre en distintos espacios de la ciudad. Le Guillerm, como corresponde, es el único que tiene funciones hasta el cierre del festival, el 12 de mayo, fecha en que también se levanta su exposición «Monstration». No se los pierda.

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