Durante décadas, los radiadores y las estufas a gas ocuparon un lugar central en la calefacción de los hogares, especialmente en zonas donde el invierno obliga a buscar soluciones rápidas para mantener el calor.
Chau radiadores y estufas tradicionales: la forma de calefaccionar el hogar ahorrando energía y de manera segura
Los especialistas priorizan un mejor aislamiento de las viviendas y los sistemas que reparten el calor de forma más pareja.
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Las nuevas tecnologías reducen riesgos asociados a las fugas de gas, como intoxicaciones.
Sin embargo, en los últimos años, empezaron a perder protagonismo frente nuevas tecnologías que ofrecen mayor seguridad y mejor rendimiento.
El arquitecto técnico especializado en eficiencia energética Jordi Martí es una de las figuras que impulsa esta discusión. Según su análisis, detallado en un video publicado en TikTok, estos sistemas fueron pensados para viviendas con bajo aislamiento térmico, algo que ya no representa a la mayoría de las construcciones actuales.
“Los radiadores tienen los días contados; es una tecnología ineficiente y obsoleta”, detalla.
Por qué ya no recomiendan los radiadores y estufas de gas
Los especialistas en eficiencia energética explican que los radiadores y las estufas a gas nacieron en un contexto muy distinto al actual, cuando las viviendas tenían escaso aislamiento térmico, paredes frías y grandes filtraciones de aire.
En ese momento, era casi obligatorio contar con sistemas capaces de generar mucho calor en poco tiempo para compensar las pérdidas constantes de temperatura.
Sin embargo, Jordi Martí explica que el confort térmico no depende solo del aire del ambiente, sino también del intercambio de calor entre el cuerpo y las superficies de la casa, como techos, paredes y pisos.
Cuando están frías, el organismo baja su temperatura con mayor rapidez, lo que genera sensación de incomodidad incluso si el ambiente está calefaccionado.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la construcción evolucionó y los edificios incorporan materiales más eficientes y doble vidriado en las ventanas que conservan mejor el calor del interior, por lo que ya no es necesario recurrir a dispositivos que trabajen a temperaturas tan elevadas.
"Ahora ya no tiene sentido tener una caldera de gas y radiadores que se calientan muchísimo”, detalla el arquitecto.
Para ejemplificarlo, plantea que dos viviendas pueden marcar la misma temperatura ambiente (por ejemplo, 19°C) pero generar sensaciones térmicas distintas según su nivel de aislamiento. "Si tu casa está bien aislada, las paredes estarán calientes aunque la temperatura interior sea la misma", describió.
Además, generan consumos energéticos innecesarios y una distribución desigual del calor, con ambientes más calientes cerca del equipo y zonas más frías en el resto de la vivienda.
Calefacción en invierno: las alternativas seguras y que ahorran energía
Frente a las limitaciones, ganaron terreno nuevas tecnologías de climatización que priorizan la eficiencia energética y la seguridad en el hogar. Estas soluciones se adaptan mejor a los hogares modernos y permiten reducir el consumo sin perder calidad.
Una de las alternativas más utilizadas es el suelo radiante, un sistema que distribuye el calor de manera uniforme desde el piso hacia el resto del ambiente. Al trabajar a baja temperatura, logra ahorrar energía y evita las diferencias térmicas entre distintos sectores de la casa.
Otra opción en crecimiento es la aerotermia, una tecnología que aprovecha la energía del aire exterior para generar calefacción y agua caliente sanitaria.
También se destacan las bombas de calor de alta eficiencia, que permiten climatizar tanto en invierno como en verano con un mismo equipo, y los sistemas de aire acondicionado.
Todos los equipos se caracterizan por mantener una temperatura más estable durante todo el día, evitando los cambios bruscos que suelen generar las estufas o radiadores. Además, al no depender de la combustión de gas, reducen riesgos asociados a fugas, ventilación deficiente e intoxicaciones por monóxido de carbono.
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