1 de febrero 2010 - 00:00

Lealtades en duda: los militares dan indicios de división

Lealtades en duda: los militares dan indicios de división
Caracas (enviada especial) - «Con nervios de acero, respondamos a la magnitud de la amenaza» fue una de las arengas más fuertes pronunciadas por Hugo Chávez durante la audición de su «Aló Presidente» de ayer. ¿La amenaza? No se refirió a la que el líder bolivariano dice que viene de afuera, como la de una invasión gringo-colombiana desde las siete bases que los vecinos tienen cruzando la frontera. No: lo que preocupa al presidente de Venezuela es la amenaza interna, la de sus propios compatriotas. Y, por sobre todo, la de sus «panas», los camaradas de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

Como las de la semana que pasó, cargada de rumores sobre descontento militar y divisiones internas. Las supuestas amenazas cobran mayor relevancia si se tiene en cuenta que Chávez es, en esencia, un militar. Y que desde que está en el poder, hace ya once años, siempre ha tenido uniformados -en actividad o retirados- en su gabinete. Cuestión de lealtades.

«Chávez inició una etapa de radicalización de la revolución y de constatación de las lealtades», dijo a Ámbito Financiero la analista en temas militares y presidenta de la ONG Control Ciudadano Rocío San Miguel. Es que el plan de reestructuración de la FAN ya provoca resistencia dentro de ella.

En concreto, los mandos militares ya cuestionan la imposición de las milicias bolivarianas, la conversión de la FAN en el brazo armado de la revolución y la unificación centralizada para desdibujar las distintas armas.

Sentimiento xenófobo

Si bien todavía no hay liderazgos visibles, algunos analistas, como el almirante retirado César Manzano, consideran que habría en la FAN «un sentimiento xenófobo y de rabia contenida hacia los oficiales cubanos que ya están actuando en el Ejército y la Armada venezolanos», y que estas presencias están sembrando divisiones entre los rangos superiores.

«Por eso», dijo a esta enviada, «no sería extraño que el ex vicepresidente y ex ministro de Defensa Ramón Carrizález renunciara a sus cargos porque se le habría querido imponer un viceministro cubano».

Para la analista San Miguel, la usina de tales rumores estaría dentro del mismo Gobierno, que los genera para constatar lealtades y si hay canales de contacto entre algunos uniformados descontentos y la oposición política.

Recambio

«¿Cómo puede, un presidente que quiere aplacar rumores, dejar al país durante cinco días sin el recambio de su ministro de Defensa?», se preguntó. Eso es lo que tardó Chávez en nombrar al general Carlos Mata Figueroa, un «pana» de su misma camada en el Ejército.

Mata Figueroa, además de tener una trayectoria de ocho años junto a Chávez en el Gobierno, mantiene todavía su cargo de Comandante Estratégico Operacional. Prueba de que, a pesar de las purgas que siguieron al golpe de Estado que en 2002 sacó al comandante por 48 horas del poder, no es tan amplio el círculo de incondicionales para encomendar esas responsabilidades.

«No va a lograr sacarme» fue el mensaje que dio Chávez a lo largo de una semana en la que habló durante más de 25 horas en cadena de TV, durante las que fue él quien amenazó a los medios opositores, a los estudiantes universitarios y a mandatarios de otros países. «Lo que sí van a lograr es una profundización de la revolución», remató en la maratónica audición de ayer, que lo tuvo cinco horas en cadena.

Esta radicalización del modelo bolivariano, del «¡patria, socialismo o muerte!», que ya está en marcha, tiene, sin embargo, una arista particular. Chávez es ciento por ciento militar y por eso es que «ve a los venezolanos como sus subordinados, y se relaciona del mismo modo con todos: bien sean ciudadanos rasos, ministros, militantes partidarios, uniformados o milicianos», remarca Rocío San Miguel. Subordinación y lealtad, por lo tanto, es lo que se viene para Venezuela. Y un bolivarianismo reforzado, claro.

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